
Nuevos tiempos, nuevas influencias. La fórmula infame parece que se agota en la blogosfera, así es la cosa. Bastante ha hecho ya. El caso es que hoy traigo dos… cómo podríamos llamarlo… ah, sí, que lo puse ya en el título, vamos, todos sabéis igual que yo la palabra que creo adecuada y que voy a soltar ahora, algunos incluso imaginaréis la cursiva, así que dejémonos de poses: dos ideas. À la Miguel Noguera, filósofo del siglo XXI y genio sobreanalista de lo cotidiano. No temáis, no pretendo ponerme a su nivel. De sus ideas™ cojo la forma y como mucho el estilo, la presentación, y poco más. No es algo consciente, simplemente esta vez me ha salido así. Sin embargo, la temática es bastante diferente; nada de disparates, nada de imaginación por doquier, simplemente un poco de opinión sobre dos cosillas sueltas que todos hemos visto o de alguna forma percibido alguna vez. Allá va.
Es Nochevieja, o no, el caso es que te has levantado con ángel esa mañana, con estrella, con purpurina celestial. Estás radiante, luz en los ojos, gomina natural en el pelo, la cara como un sol, la sonrisa como un cepillo de dientes. Sigues poniéndote las gafas y embutiéndote la barriga en los pantalones, claro, porque por mucha aura que te haya bendecido esa mañana sigues siendo el mismo feoncio de siempre. El caso es que te duchas, tal, vas al colegio, al gimnasio, al trabajo, y la chica va y te dice: ¡estás muy guapo! Genial, ¿no? La chica, o tu madre, qué más da, pues opina algo bonito, algo encomiable sobre ti.
Pues no. Como ya dijera el repulsivo filósofo y cantautor, no es lo mismo ser que estar. Si estás guapo es porque no eres guapo, igual que si estás tonto es porque no eres tonto. Estás, estado, estado temporal, remarcando lo de temporal. Lo siento, nene, ese día no mojas, como ningún otro. Estás guapo comparado contigo mismo, digamos que das una buena impresión respecto a la impresión normal que suelen llevar de ti; eso no significa ni de lejos que vayas a tener alguna oportunidad extra.
Y vosotras, no seáis así, guardad vuestra inconsciente lengua viperina y daos cuenta que podéis despertar pretensiones insatisfacibles. Ya sé que no es vuestra intención. Simplemente haced caso al señor Harad y recordad que guapo nunca va con está, a menos que seas un cani refiriéndose al nuevo BMW Nosequé o al FIFA pa la Plei del año que toque. Que por cierto, hace once años era el FIFA 99 y ahora vamos por el 10, pero esto qué es, ni Donnie Darko, oiga.
Más breve, más sutil y más cogida por los pelos. Esa gente cuya pseudofilosofía de la vida es prestar atención a las pequeñas cosas de la vida. Propongo una mejor: ahorquemos a Coelho. Ya sabéis toda la parafernalia de esta gente, que si pasar lentamente y con deleite existencial la escobilla del váter, que si sonreír en el espejo por la mañana y abrir el huevo Kinder con tus hijos antes de quitarte la corbata, llorar con tu niña cuando te trae un suspenso del cole o se le rompe una cerda del violín, que no todo es bonito, y bueno, esas cosas.
Y llega una persona de esas, al volante, en un semáforo, pum, se pone en verde. Pero él resulta que no tiene prisa, y le pitan, pero no tiene prisa, porque las pequeñas cosas son las importantes, por eso tarda 20 segundos en arrancar, por eso, por las pequeñas cosas, lo entiendes, ¿no? ¿Ves la relación lógica? Yo tampoco.
A ver, el semáforo es una puta cosa pequeña, de las que tienen importancia. Te aseguro que cuando el puto presidente de la CIA está aprovechando un semáforo para firmar un acuerdo nuclear por teléfono con Bin Laden o con Makarov o lo que sea, no va a salir pitando cuando se ponga en verde, porque eso es una pequeña cosa y lo otro es una gran cosa. Si de verdad dieras importancia a las pequeñas cosas, darías importancia al ignominioso semáforo y serías el primerísimo en meter primera y tirar pa’lante. Así que déjate de gilipolleces, tú lo que eres es un neohippie de palo de los de Saber vivir en ristre o un jodido vago que no emplea su escaso tiempo de vida para cosas grandes porque le pesan los huevos y se monta una filosofía a medida alrededor de ese penoso hecho en vez de intentar hacer que te asciendan pisoteando a los débiles y mandando a tus hijos a actividades extraescolares para no tener que hacerles caso. Frack off.
Sienta bien soltar una parrafada tal y como te viene a los dedos de vez en cuando. Mejor no acostumbrarme ni acostumbraros.
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03/02/2010 05:23
Asociedad, Aún no me drogoPrácticamente todas las decisiones que se toman en la vida se encuentran plenamente predeterminadas por la convención social, en un lamentable espectáculo de borreguismo masivo en el que muy pocos se atreven a considerar lo que realmente quieren, por qué lo quieren y cómo lo quieren. Cuando naces te encuentras con que ya te han escrito toda tu vida antes de empezar, con que sólo tienes que ir dando clic a «Siguiente» hasta que te frene la muerte, desdicha fuerte. Nada nuevo.
Dentro de esta marea de convenciones se encuentra la pareja, con toda la parafernalia que la rodea; lo que me interesa ahora de ella es el acuerdo (tristemente implícito, la mayoría de las veces) de fidelidad. El imperativo vendría a ser «no te tires a nadie más mientras estés con tu pareja», entendiendo «tirarse» en un sentido metonímico amplio, claro. Luego, cuando cometes la bobalicona chorrada de casarte, esto se une al mantener para siempre a una misma pareja, hasta que la muerte os separe; quedando, a fin de cuentas, un grácil «no te tires a nadie más hasta que tu pareja la palme». Y en ese último detalle quiero hacer hincapié.
Esto le va a parecer una gilipollez a más de uno, pero yo, que por todos es sabido que pertenezco a la élite ético-moral y que las convenciones sociales me resbalan, pienso seguir siendo fiel a mi pareja (definitiva, se entiende) en el caso de que ella muera antes que yo.

Hay muchos motivos para ser fiel. Un buen motivo es no hacer daño a tu pareja. Gracias a este motivo las infidelidades ocultas en páginas como el Meetic están a la orden del día; total, mientras tu pareja no se entere no le va a hacer daño y no va a estar mal, ¿no? Pero vale, combinemos este motivo con el propósito de no mentir, pongamos que realmente le eres fiel por no hacerle daño y no mentirle. Todo bien, pero si tu pareja te diera permiso para estar con otras personas, ¿tú querrías? Probablemente. Yo no.
Yo prefiero pensar que la fidelidad recae más sobre mí que sobre mi pareja. La chica de mi vida es una, única y absolutamente especial, por el hecho de ser la chica de mi vida. Mi vida será más bonita y profunda si cumplo con esto con todas las consecuencias. Esto en la práctica es igual al caso anterior, le eres fiel y punto… hasta que llega el momento en que el Universo se la lleva al otro barrio.
Es comprensible que, si la fidelidad para con tu pareja era meramente pragmática, del tipo no dañar+no mentir, al morir tu pareja te busques a una nueva. Si, como en mi caso, se basa en la convicción de la unicidad de tu pareja, esa unicidad se mantendrá en el caso de que muera y, por lo tanto, no podré irme con otra sin sentir que estoy estafando a mí mismo y a lo que significó esa pareja.
Y ahora lo que a mí me gusta: el caso extremo, el caso jodido. Pongamos que soy un chico joven que lleva un par de años con una joven chavala. Pongamos que un buen día le cae un yunque encima, le atropella un Airbus o se corta la yugular con un sobre. Pongamos que muere. Tengo toda la puta vida por delante y la que esperaba que fuera mi compañera de viaje se ha bajado del tren mucho antes de tiempo. ¿Y ahora qué? ¿Vivo el resto de mi larga vida solo? ¿Estoy traicionando a mi pareja por ello? ¿Es justificable?
Yo, desde ya, prefiero pasarme de heavy que quedarme corto así que diría que pasaría el resto de mi vida solo, en honor a la autenticidad de ese amor. Ahora bien, reconozco que es una situación realmente extrema y que no podría decir con seguridad lo que haría si llego a encontrarme en esa situación.
Que Mandos no lo quiera.
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19/01/2010 16:23
OpiniónPues eso, después de otro periodo de inactividad hoy me dispongo a romper el silencio y actualizar un poco el blog con una nueva entrada.
…
¡¡INOCENTES!!
Nah, es coña, hoy va a ser un día como cualquier otro para el blog, esto es, sin ningún tipo de novedad más allá de los comentarios, mucho menos una entrada nueva.
Por cierto, he aprobado el práctico de conducir.
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28/12/2009 15:06
Aún no me drogo
Esa es la forma que tendría la frase que se me cruzó por la cabeza hace un rato si la hubiese tuiteado. Iría más o menos en mi línea habitual, no sería un tuit brillante pero tampoco malo, lo mismo le caería algún favoriteo imprevisible de algún rezagado, no lo sé. Pero he decidido no hacerlo; en vez de ello, utilizarlo para analizar un problema que tengo y que últimamente me está carcomiendo más de lo normal.
A ver, me han dicho muchas cosas gracias a mi actividad por Internets: que soy agudo e ingenioso, que soy un genio, que soy decente (qué filón de ego esto de las listas), vamos, que de tanto apoyo moral que me dais por aquí apenas me di cuenta de cuando murió mi abuela. Supongo que cosas como el tuit de antes, así, soltadas en frío y con cierta entidad propia, le da a uno un aura de persona aparentemente interesante.
Pero mirémoslo ahora dentro de una conversación, una conversación normal, face à face.
—¿Qué estudias?
—Física.
—Oh, Física. Pues me caen mal los físicos, es la profesión que más probablemente destruya el mundo.
Y eso es, le he agregado un toque de dislexia del directo para añadirle realismo pero vamos, ya está,lo mismo le saco una risita, probablemente no, pero ahí queda la cosa. Como mucho le podría agregar un «Pero vamos, que los siguientes en probabilidad somos los informáticos», sonrisita afilada de las mías y listo, a eso se reduce toda mi anterior genialidad, y los siguientes diez minutos sin hablar un carajo. Y eso si se me ocurre la gracieta en el momento, que no es lo normal, a mí las cosas tardan unos diez segundos en ocurrírseme, por eso sólo caigo medio bien por MSN, donde puedes tardar lo que quieras en responder.
Creo que ya se pilla el problema. Soy un chaval casi sin ningún tipo de iniciativa, incapaz de improvisar ni la más banal conversación, un tipo que si no pasa desapercibido es por lo sobresalientemente insulso que resulta. Lo que se dice un soso de manual.
Hay quien dice que lo único que tengo que hacer es soltarme, lo típico. Puede ser. Pero tengo miedo de que no. Me da la sensación de que en realidad estoy vacío de interés por dentro. Por ejemplo, si ahora quisiera contar una anécdota… simplemente no se me ocurriría nada que contar, absolutamente nada, ni chistes ni nada por el estilo, estas cosas se me olvidan sin piedad con una velocidad asombrosa. Lo único que se me ocurre ahora mismo es aquella vez que apareció un camaleón en la puerta de mi casa, y bueno, ahí acaba todo, me lo encontré, pfé, genial, la casa de la guasa. Este blog es pura muestra de ello, cuando lo abrí de verdad creía que tenía algo que contar, y aquí lo veis, con una entrada aburrida cada dos meses, 42 entradas en casi un año de rodaje. Es realmente lamentable todo esto.
Y creo que no hace falta que diga que esto es una mierda. A veces me da por ignorar todo esto y refugiarme en aquello que controlo, a veces me enfrento a ello y lo hago parte de mi personalidad, y afirmo con determinación que no me hace falta y que yo soy más que un papagayo que habla y habla de todo y a la vez de nada. Pero lo cierto es que es una putada ser un aburrido en la práctica, sentirlo cada vez que alguien se molesta en prestarte un mínimo de atención, intentar convencerte a ratos de que no lo eres para volver a pegártela en la menor ocasión de contacto social. Y, aunque me duela admitirlo, qué decir tiene que el social es un ámbito de la vida que es necesario y deseable desarrollar para estar satisfecho y conseguir tus objetivos.
Y bueno, supongo que con esto pretendo desahogarme un poco, confesar sin caer en tópicos que realmente todo lo que veis de mí es casi ficticio y pedir consejo; si hay alguien que cree que ha pasado por mi situación agradecería mucho que me contara sus batallitas, que llevo una racha de modo emo ON que no me aguanto ni yo.
Mañana me voy a cagar en mis paranoias de madrugada, pero en fin.
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17/11/2009 04:47
Yo me mí conmigoHoy vengo, más que nunca, a ilustrar al mundo con mi luz de impepinable verdad universal, así que si te caigo bien mejor sáltate este post.
Yo no soy cristiano, un buen día a los doce años decidí dejar de serlo y convertirme en agnóstico. Estaba viendo un documental de no se qué, algo astronómico creo recordar, cuando surgió la duda en mi cabecita y perdí la fe, así, chas, adiós, Dios, nos veremos, o no, cuando estire la pata.
Pero desde el principio tenía claro que el ateísmo no tenía sentido. Sentido lógico, quiero decir. Con los datos que tenemos no podemos llegar a la conclusión de que no existe un dios. Y como soy un chico universitario y doy Lógica, voy a demostrar esto con cálculo proposicional, como hacen los hombres de verdad, para que no quepa duda más allá de la mala interpretación formal del argumento (estaré encantado de recibir correcciones al respecto en los comentarios, si tenéis huevos).
p: Dios no existe.
q: El mundo existe.
r: El mundo no necesita un Dios para existir.
[p ∧ q → r. q. r.] |= p
Para el que no sepa de estas cosas (como yo hace un mes o yo ahora mismo, que creo que llevo un 4 de media ahora mismo en Lógica), la formulita vendría significando algo como «Si Dios no existe y el mundo existe, el mundo no necesita un Dios para existir. Sabemos que el mundo no necesita un Dios para existir. Luego Dios no existe».
Y ahora, a demostrar que esto es falso, con una simple tabla de verdad. Bueno, dos.
| p | q | V | F | p ∧ q | r | V | F |
| V | V | F | V | V | F | F* | F* | F | F* | V* | V |
He marcado en amarillo los casos posibles, y en verde los casos seguros (porque se dan como premisas). Y la conclusión es… ¡Sorpresa! La deducción es inválida, ya que puede darse el caso, como marcan los asteriscos, de que p sea falso (esto es, que Dios exista), y que tanto q como r sigan siendo verdaderos (esto es, que el mundo exista y que el mundo sea posible sin Dios). Es posible que Dios exista aunque no sea necesaria su existencia.
Y ahora vamos a jugar un poco. Vamos a cambiar ligeramente la fórmula, quedando así:
[p ∧ q → r. q. r.] |= ¬p
Si seguimos la tabla de arriba, se ve que esta situación es de igual manera que antes lógicamente inválida, pero posible. El único cambio es que al final, en vez de afirmar que Dios no existe, afirma lo contrario: que Dios sí existe. Podría decirse que este es el argumento creyente.
Sólo hay una diferencia entre los dos argumentos: mientras que el creyente es consciente de la inconsistencia lógica de sus creencias, y por lo tanto simplemente tiene fe, el ateo cree estar siguiendo una decisión racional al negar la existencia de Dios. Y no. Negar la existencia de Dios es igualmente fe, como hemos podido comprobar.
Por eso me toca infinitamente los lacasitos que un gilipollas que no sabe pensar diga cosas como «El ateísmo es la evolución del agnosticismo» (sic), «Un agnóstico es un ateo que tiene miedo a aceptar que después de la muerte no hay nada» (sic, y con el comentario coloreado a positivos en Menéame) y demás mamarrachadas de predicador de barrio y se crea el puto amo de la verdad absoluta, de la razón lógica aplastante, la iluminación de este mundo de rebaños de creyentes y pusilánimes, cuando está cayendo en la misma mierda que critica pero además creyendo que no.
Así que hala, si eres uno de esos ateos iluminaditos que se creen el übermensch tienes un cajetín de comentarios ahí abajo para devolverme la hostia virtual. Si eres capaz de darla tan fuerte como yo.
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10/10/2009 01:04
Sabihonduría, ¡Protesto!Hace unos días me fui a la Plaza de España (por recomendación de Aloisius) y me senté por allí, sin hacer realmente nada. En esto se viene el tío que estaba sentado solo en el banco de al lado y se sienta conmigo.

Era un chaval joven, de veintipocos, con pinta de friki y un marcado y horrible acento madrileño. Dijo que venía del pueblo, y que la gente de ciudad va a su bola, y que yo parecía tenso, que por qué, y que abrazos gratis y chorradas por el estilo. Me contó toda su vida y parte de la extranjera, mientras yo oía, sonreía y asentía mientras sujetaba con fuerza mi móvil y la bolsa de mi portátil. En un momento dado me preguntó qué me gustaba leer.
—Eh… de todo un poco…
—¿Narrativa?
—Sí, bueno… Ciencia ficción, sobre todo —me daba vergüenza decir «fantasía», que es lo mío.
—Buah… a mí es que la narrativa no me gusta, ¿sabes? O sea, para qué quiero leerme yo un libro de 500 páginas para aprender lo que un hombre se ha inventado porque sí.
Por supuesto, no estaba de acuerdo con eso, pero su postura me dejó pensando (mientras él seguía parloteando, hasta que vino un amigo suyo negro y con patines y se fueron a jugar al billar). Y me di cuenta de que no tenía una defensa sólida de la importancia de las historias de ficción, de las novelas. Enlacé luego con esa gente que dice que no se debería enseñar Historia o Latín en el colegio. Y recordé lo difícil que se me hacía defender su importancia para la educación de la muchachada. Era lo mismo.
Hace menos días volvía yo en el metro de la Facultad, y en frente mía había un padre con su hijo, que tendría unos cinco o seis años. El niño le pedía con insistencia a su papá que le contara un cuento, y que le contara un cuento y que le contara un cuento, y el padre trataba de evadir el tema sin éxito.
Finalmente el niño se sentó y el padre se puso, ahí delante, a improvisar una historia. No estaba demasiado currada, pero era igual, el niño miraba embobado el expresivo rostro del narrador, de pie en frente suya, muy metido en su papel de cuentacuentos, mientras el sudamericano sentado al lado, que hace unos minutos me había hecho apretar con un poco más de fuerza la bolsa del portátil, observaba la escena divertido, sonriendo. La verdad es que la cara del nene era de esas que te hacen desear follarte a la cani más cercana (que para el caso estaba a pocos metros), esperar a que pariera, mandarla a la mierda y quedarte con el niño para ti.
El tren frenó aproximándose a la estación, el padre-narrador interrumpió el cuento y ambos se dieron prisa para bajar del vagón. Mientras salían, miré con respeto al padre y pensé que, por fuerza, tenía que ser un buen padre, de esos de verdad, de los que, de haber implantado en España un carnet de padres (algún día lo habrá, algún día), llegarían de los ocho a los quince puntos sin una sola falta, de los que el niño, cuando se fuera de Erasmus a emborracharse con suecas, echaría de menos de verdad. En consecuencia, el niño sería una buena persona en el futuro, una persona con la que gustaría hablar, que llegaría a ser padre y contaría también cuentos inventados a sus hijos en el metro volador. Y llegué a esa conclusión sólo porque el padre contó una insulsa y estúpida historia, allí, en un vagón de metro, en vez de enseñar al niño a hacer sumas de tres cifras o a decir «perro» en inglés.
Y colorín colorado, este post, que no es un artículo de la Wikipedia sobre ingeniería o economía sino un par de desdeñables vivencias de un adolescente cualquiera, se ha acabado.
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05/09/2009 22:00
AsociedadNo me gusta la categoría Opinión de este blog. Porque opinar, lo que viene siendo soltar ideas sueltas sin mucho fundamento firme, puede hacerlo cualquiera y tiene más bien poco interés más allá de la sugerencia. Y a mí me gustan las cosas ante las que sólo cabe asentir con la cabeza gacha, que no admiten discusión, seguras, ciertas, en definitiva, impepinables.
Pero qué le vamos a hacer: hoy vengo con una idea cogida con pinzas, de esas que viene el primer colega en los comentarios y me la destroza de un plumazo. A ver si es verdad.
tecnocracia.
(De tecno- y -cracia).
1. f. Ejercicio del poder por los tecnócratas. U. m. en sent. irón. o despect.tecnócrata.
1. com. Partidario de la tecnocracia. U. t. c. adj.
2. com. Técnico o persona especializada en alguna materia de economía, administración, etc., que ejerce su cargo público con tendencia a hallar soluciones eficaces por encima de otras consideraciones ideológicas o políticas.
Pues una sofocracia es lo mismo pero sin sonar franquista.
Y como no tengo ganas de escribir mucho, expondré mis argumentos con un par de dibujos que hice hace cosa de dos meses.

Los ciudadanos elegimos democráticamente a unos pintamonas que para lo único que sirven es para que no se desmadre mucho la cosa, a pesar de la corrupción, la ineficacia, el egoísmo y todo lo que arrastran.
Estos mequetrefes llamados políticos están por encima de los empresarios, cuyo trabajo es ganar pasta. Cosa que hay que reconocer que se les da más o menos bien. Además, al ganar ellos pasta, hacen ganar pasta a toda la sociedad, generando empleo, bienestar y toda la pesca. Pero claro, las ansias de pasta con un gobierno que no sabe encauzarla acaba en lo que acaba: crisis, paro, más crisis, más paro, menos pasta. O sea, que las ansias de pasta, con un mal gobierno, acaba siendo contraproducente.
Y, bajo sueldo de los empresarios, se encuentran los héroes de nuestro tiempo, los que hacen lavadoras, coches con control electrónico de estabilidad, Asimos, 3Gs y LHCs, vamos, que poca peguita se puede tener de ellos: los sabios. Y con sabio me refiero al que sabe, en todos los ámbitos. Su único problema es que su ímpetu creador está regulado por las necesidades económicas de los empresarios, por lo que si tu idea, aunque pueda cambiar el mundo y crear una sociedad mejor, no sale rentable, catacrocker con ella. Lo que pasa por ejemplo con las energías renovables.
Tal que así:

Hemos visto que los que mejor hacen su trabajo son los sabios, justamente los que tienen menos poder. Los siguientes más hábiles, los empresarios, quedan en segundo puesto de poder; y los más inútiles, los políticos, allí están, en la cima del monte Olimpo, con el cetro de poder supremo. Lo lógico, vamos.
Pues bien, la solución a esto es sencilla: quitar del medio de un plumazo a los políticos y poner en su lugar a los sabios.

Con una política eficaz, se consigue un control sobre la economía y sobre los empresarios eficaz, y lo más importante, socialmente responsable. Aunque las renovables nos cuesten más dinero a priori, se impulsan por encima de las energías tradicionales. Además, con esta regulación de la economía, los sabios gobernantes, los filósofos reyes, amantes de la sabiduría, darán más libertad creadora a los sabios innovadores por puro amor al arte, con toda la grandeza que esto supondría para la humanidad. Imaginad un mundo lleno de proyectos semejantes en magnitud al LHC, a la vez que se arregla poco a poco el problema de la pobreza mundial, los procesos de la civilización se optimizan y se hacen eficientes, coches voladores, aspiradoras inteligentes, robots rebeldes… Ah. La utopía.
¿Y cómo se impondría esto? Pues… no sé. Haría falta que la gente dejara de ser idiota y mandara al pollastre a los políticos, que los estados poderosos del mundo no intervinieran para parar la cosa (una bonita tradición en nuestra civilización, antaño con la Santa Alianza o más antaño aún con los bandos de la Guerra de los Treinta Años (ea, ya he demostrado lo listo que soy, mami), hoy se basta y se sobra EE UU solito), que los lobbies económicos perdieran poder, cosas que ni de coña son posibles a corto o medio plazo.
Lo que está claro es que el mundo va camino de ser un lugar mucho más guay si es verdad que los frikis heredarán la Tierra.
PD. Y a esto lo llamo yo no tener ganas de escribir mucho.
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29/08/2009 17:00
OpiniónLas personas tenemos un intelecto tan poderoso que muchas veces, sin darnos cuenta, se vuelve contra nosotros mismos.
Hay gente que cree que porque los gays se casen la familia va a desaparecer, que porque en Cataluña hablen su idioma España va a implosionar o que porque ondee una rojigualda en el Parlamento Vasco Euskadi va a ser menos Euskadi. Pero a poco que lo consideres un momento desde fuera te das cuenta de que no tiene por qué.
Porque a ver, ¿qué es una familia? ¿Un conjunto de personas con lazos de sangre? ¿Un buen montón de átomos? ¿Un buen montón de quarks, electrones, gluones y demás mierdas elementales? Estos conceptos sólo existen en nosotros, en las asociaciones que hace nuestro cerebro del mundo de fuera para que podamos movernos por la vida. Pero a veces nos los tomamos tan rígidamente, tan como si el mundo fuera a despedazarse por alterar lo más mínimo estas realidades tan vacías, que acabamos viendo incompatibilidades donde no las hay, acabamos siendo homófobos, rojos, fachas, acabamos poniendo bombas y matando gente por pura cabezonería.
Últimamente tengo la convicción de que gran parte de los problemas del mundo se debe a estas confrontaciones artificiales. ¿Cómo dos personas, que a fin de cuentas tienen un cerebro bastante parecido, pueden estar convencidas cada una de una cosa que se contradice con la otra? ¿Uno de los cerebros está estropeado? ¿Ve verdad donde no la hay? ¿Cuál de los dos? ¿O será que en realidad las cosas no eran tan incompatibles? Romper con falsas contradicciones, mediante un método objetivo que determine cuándo dos conceptos son contradictorios de verdad (una mesa es una mesa, y no una silla… en la mayoría de los casos), no complicar las cosas más de lo que son, mirar al mundo con la máxima sencillez, simplemente haciéndonos una pregunta: por qué no. Por qué no pueden casarse los gays y los heteros, por qué no pueden existir España y Euskadi simultáneamente.
Pero esto no es tan fácil. Autojuzgar las propias convicciones puede resultar muy lioso y desorientarte completamente. Puedes tener miedo a perder tu personalidad, a dejar de ser una persona para convertirte en un montón de partículas elementales conectadas. Si te metes demasiado en el proceso acabas descartando toda abstracción y el mundo se deshace a tu alrededor. ¿Al final resulta que nada es contradictorio porque nada es realmente real?
Es un tema complicado y muy difícil, pero yo intuyo que la cosa es, no quitarle realidad a lo inmaterial, a los abstractos, sino simplemente flexibilizarlos un poco, darnos cuenta de que dos puntos de vista pueden encajar. Y seguir viviendo con tus convicciones, crítico pero no destructivo con ellas, respetando y comprendiendo las de los demás, y más o menos ir haciendo tu vida lo más sencilla posible, que es de lo que se trata a fin de cuentas.
Y bueno, tampoco es la gran cosa esto, pero después de un verano en coma las neuronas tienen que calentar antes de rendir.
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25/08/2009 01:38
SabihonduríaHay quien dice de mí que soy un maldito maniático compulsivo con tendencia irreversible al odio visceral e irracional hacia todo lo que le guste al, como mínimo, 51 % de la población. Entre otras cosas, porque no me gusta el house/dance/demás tecnomierda, tener amigos o el verano. Así que, en aras del triunfo de la razón y el prudente dominio intelectual sobre las irascibles apetencias del animoso espíritu, o de la espirituosa ánima, y dado el aparente éxito del infalible método proposicional del anterior post, voy a hacer un breve balance de cosas que molan del verano y cosas que no molan del verano. Para mí, claro.
Así que dejad ya de proclamar y aclamar y reclamar el SUMMERTIME bajo la excusa de que vosotros sí tenéis vida para poder disfrutarlo y compradme un iglú en Groenlandia con conexión a Internet y un Supersol al lado.
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30/06/2009 13:38
Opinión, Yo me mí conmigoHe decidido a partir de ahora hacer un breve juicio esquemático de lo que vea durante el día y considere que me dé para un breve juicio esquemático, más que nada porque es una forma fácil y sencilla de rellenar la base de datos de posts. En este caso, el topless.

La fijación de playas específicas donde esté permitido, o donde no esté permitido, que para el caso es lo mismo, el topless, satisfaría tanto a los de A como a los de D. En el ámbito social, las chicas que vayan en topless deberían aceptar que los chicos las miren y que sus novios no estén de acuerdo y las limiten.
Libertad de destaparse sin limitar la de los demás a excitarse, a no excitarse o a escandalizarse. Simple y efectivo.
(PD. Ni estos putos posts de columnista racional wannabe me salen cortos, joder).
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27/06/2009 21:58
Opinión