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La falacia del ateísmo

Hoy vengo, más que nunca, a ilustrar al mundo con mi luz de impepinable verdad universal, así que si te caigo bien mejor sáltate este post.

Yo no soy cristiano, un buen día a los doce años decidí dejar de serlo y convertirme en agnóstico. Estaba viendo un documental de no se qué, algo astronómico creo recordar, cuando surgió la duda en mi cabecita y perdí la fe, así, chas, adiós, Dios, nos veremos, o no, cuando estire la pata.

Pero desde el principio tenía claro que el ateísmo no tenía sentido. Sentido lógico, quiero decir. Con los datos que tenemos no podemos llegar a la conclusión de que no existe un dios. Y como soy un chico universitario y doy Lógica, voy a demostrar esto con cálculo proposicional, como hacen los hombres de verdad, para que no quepa duda más allá de la mala interpretación formal del argumento (estaré encantado de recibir correcciones al respecto en los comentarios, si tenéis huevos).

p: Dios no existe.
q: El mundo existe.
r: El mundo no necesita un Dios para existir.
[p ∧ q → r. q. r.] |= p

Para el que no sepa de estas cosas (como yo hace un mes o yo ahora mismo, que creo que llevo un 4 de media ahora mismo en Lógica), la formulita vendría significando algo como «Si Dios no existe y el mundo existe, el mundo no necesita un Dios para existir. Sabemos que el mundo no necesita un Dios para existir. Luego Dios no existe».

Y ahora, a demostrar que esto es falso, con una simple tabla de verdad. Bueno, dos.

p q V F p ∧ q r V F
V V F V V F
F* F* F F* V* V

He marcado en amarillo los casos posibles, y en verde los casos seguros (porque se dan como premisas). Y la conclusión es… ¡Sorpresa! La deducción es inválida, ya que puede darse el caso, como marcan los asteriscos, de que p sea falso (esto es, que Dios exista), y que tanto q como r sigan siendo verdaderos (esto es, que el mundo exista y que el mundo sea posible sin Dios). Es posible que Dios exista aunque no sea necesaria su existencia.

Y ahora vamos a jugar un poco. Vamos a cambiar ligeramente la fórmula, quedando así:

[p ∧ q → r. q. r.] |= ¬p

Si seguimos la tabla de arriba, se ve que esta situación es de igual manera que antes lógicamente inválida, pero posible. El único cambio es que al final, en vez de afirmar que Dios no existe, afirma lo contrario: que Dios sí existe. Podría decirse que este es el argumento creyente.

Sólo hay una diferencia entre los dos argumentos: mientras que el creyente es consciente de la inconsistencia lógica de sus creencias, y por lo tanto simplemente tiene fe, el ateo cree estar siguiendo una decisión racional al negar la existencia de Dios. Y no. Negar la existencia de Dios es igualmente fe, como hemos podido comprobar.

Por eso me toca infinitamente los lacasitos que un gilipollas que no sabe pensar diga cosas como «El ateísmo es la evolución del agnosticismo» (sic), «Un agnóstico es un ateo que tiene miedo a aceptar que después de la muerte no hay nada» (sic, y con el comentario coloreado a positivos en Menéame) y demás mamarrachadas de predicador de barrio y se crea el puto amo de la verdad absoluta, de la razón lógica aplastante, la iluminación de este mundo de rebaños de creyentes y pusilánimes, cuando está cayendo en la misma mierda que critica pero además creyendo que no.

Así que hala, si eres uno de esos ateos iluminaditos que se creen el übermensch tienes un cajetín de comentarios ahí abajo para devolverme la hostia virtual. Si eres capaz de darla tan fuerte como yo.

Humor de color

Pre-nota: Como sé que soy un coñazo de tío, he puesto lo importante del post en negritas. El resto te lo puedes saltar sin perderte información.

Esto era una reunión de amigos létricos. Todos estaban animados, salvo A, a quien se le había muerto la madre viajando en barco. Apenado, A se lo contó a sus amigos B, C y D. Estos, después de compadecerse y todo el proceso, empezaron a hacer coñas sobre la madre de A y su muerte: que si el barco se hundió de lo gorda que estaba, que si tal, que si cual. «¡Joder, qué coño os pasa, que es mi madre!», exclamó totalmente indignado A, a lo que B, C y D cesaron sus risas al instante para adoptar el más serio de los semblantes. «¿Acaso osas», decía B, «intentar decirnos de qué nos tenemos o no que reír? Atadle, chicos.» C y D ataron y amordazaron a A, y con B siguieron proclamando chistes y bromas sobre la difunta madre de A, ahora sin risa ni gozo, sino puño en alto, como proclama política o reivindicación ideológica.

Este es uno de los debatillos típicos de todo foro, blog, Tuitis o conversación en persona en el improbable caso de que tengas vida, como dirían algunos, offline, que más cansinos me parecen: los límites del humor, cuándo deja una broma de ser graciosa para pasar a ser ruin. Humor negro sí, humor negro no.

De entrada, que se debata sobre algo tan serio como el humor me parece una chorrada. El humor es importante, pero no en el sentido de un ideal como la libertad, la igualdad o (adivinad) la fraternidad. No es algo que se tenga que defender, algo por lo que haya que sacrificarse. El humor es importante porque alegra la vida. Ni más ni menos. Hace la existencia más llevadera. Por esto no entiendo a esos adalides del humor como estado superior de la sociedad, esos Cómicos Sin Fronteras dispuestos a soltar todo lo que se les pase por la cabeza y crean gracioso, sin importar a quién pueda afectar, y aplastando toda opinión disidente como daño colateral necesario. No sé, puestos a defender valores vacíos ponte a difundir la Palabra de Firefox entre tus colegas o a fundir el ShipIt de Ubuntu entre los ordenadores de tus familiares más ancianos, que más profundidad ética que esto tiene.

Cuando se te ha muerto tu madre o tu perro, lo último que quieres es que venga un capullo risitas cualquiera a reírse de la desgracia. Es normal, es como una patada en los cojones, es supergraciosa mientras no te la peguen a ti. Lo raro sería que no te doliese.

Ahora bien, otra cosa es pasarnos de rosca y pensar: «si a mí no me gustaría que se descojonaran de mi madre, es que nadie tiene derecho a descojonarse jamás de ninguna madre». Este absolutismo anti-humor negro es otra cara de la misma moneda: darle demasiado valor a algo que no lo tiene de por sí. Es humor, tíos, es reírse de una cosa si hace gracia, y si no, pues no se ríe uno, pero dejémosno de chorradas. Si vengo yo en un blog a hacer una coñita con los del vuelo de Air France no es porque sea un bicho desalmado, sino porque los doscientos o trescientos pasajeros del avión no me importan más de lo que me importa un desconocido estándar, y la entropía empatía que me provocan es menor que la gracia que me hace la cosa. Y no es nada de qué avergonzarse, es natural: no toda la gente nos importa igual, y si no fuera así nos volveríamos locos, porque otra cosa no, pero en cantidad los humanos somos un puñao.

El Risitas.
Él sí sabe cuándo tiene que reírse.

Con esto quiero decir: si una cosa te hace gracia, ríete sin complejos; si hay alguien que se siente ofendido o dolido, no te pases, compadécete con él y deja la coña; si te sientes ofendido por norma, sin sentirlo de verdad, déjate de bobadas y deja que la gente se divierta. Y dediquémonos a discutir sobre otros temas mucho más interesantes, como, no sé, el aborto.

Aprovecho para declarar la primera y única Norma que regirá este blog a partir de hoy: no hablar del aborto. Si algún día menciono algo del tema, sólo tenéis que recordarme esta Norma y el post será borrado a efecto inmediato. Palabrita.

El odiosamente indefinido vocabulario económico

Yo soy uno de esos típicos tíos que cuando se habla de algún tema económico se queda con cara de ojete sin apenas entender qué mierdas están diciendo. Aunque di Economía el año pasado y se me daba bien, y mantengo una cierta curiosidad sobre el tema, no consigo seguir el hilo a los típicos expertos que van al CNN (o peor, a Intereconomía) a arreglar la crisis desde el plató. Aún así, creo que mi estado de sapiencia es el que sale mejor parado; mejor no tener ni idea y reconocerlo que ser un expertillo de barrio que arreglan la crisis desde el barbero con soluciones cuanto menos bizarras (Estados Unidos no sufrirá la crisis porque tiene muchas patentes, fue la última perla que oí), o bien uno de los que sí que saben de verdad pero que, aún así, por debajo de todo lo que ellos daban por supuesto, les ha surgido una crisis delante de las narices.

Pero hay una cosa que me saca de quicio y que creo que es el principal causante de que no pille ni media: el vocabulario económico. Se basa en reutilizar palabras de cualquier ámbito, de forma totalmente aleatoria y sin ningún criterio de adaptación, y asignarlas a conceptos que en nada se relacionan con el término en sí. (Vale, estoy exagerando un poco.)

Por ejemplo, el tipo de interés. Yo leo eso y pienso: vale, habrá intereses fijos y variables, grandes y pequeños, verdes o morados, yo que sé. Pues no: el tipo es un número, un porcentaje, una cifra sobre la que (según tengo entendido) se basan los préstamos. Espera, ¿préstamos? No, hombre, utilizar una palabra tan parecida a «prestar dinero» sería demasiado obvio: mejor crédito, eso que representaban las vidas en las máquinas recreativas en tu tierna infancia, eso que se le niega a los ojos cuando ven algo impensable, esas unidades de las que se componen las carreras universitarias. Si será por homónimos.

Una de mis favoritas (aunque no tiene mucho que ver con estos sucios temas) es la comisión. ¿Qué es lo que no se lleva ING Direct? Comisiones. ¿Cómo se llama uno de los órganos de gobierno de la UE? La Comisión Europea. ¿Y uno de los principales y más nobles sindicatos de este país? Exacto, Comisiones Obreras. Vamos, que lo que podrían haber llamado simplemente «porcentaje por mérito» o «por venta» o algo por el estilo, pues no, lo llaman comisión, es decir, «1. f. Acción de cometer.». Y así con muchas.

Lo mismo lo hacen a conciencia, lo mismo lo que quieren es tenernos subyugados en la ignorancia al pueblo llano y se guardan los términos que emplean de verdad para las altas esferas de poder. O lo mismo es simplemente que los economistas tienen muy poca imaginación. Lo cual, viendo la mayoría de los anuncios de bancos, seguros y cosas así, no me extrañaría en absoluto.

En fin, esto no deja de ser una pataleta de paleto (y eso no deja de ser una aliteración que me hace muy guay) para tratar de excusar mi ignorancia económica en simple ignorancia lingüística, así que no hace falta que me deis crédito de ningún tipo. …¡Ouch!

Me la follaba, pero no

No es que no sepa de qué hablar aquí en el blog y por eso lleve doce días sin deleitaros con mi espesa verborrea; es sólo que no he tenido ganas de postear. Sin más. Y si no tengo ganas de postear, pues no posteo, aunque lo cierto es que me he sentido bastante culpable al ver la fecha de la última entrada. En fin, que temas me sobran, así que no temáis, que hay sutilezas impepinables para rato.

Ya de entrada el título os habrá chocado un poco, pero es que hoy me siento extraño. Creo que este post se parecerá poco a los demás en estilo, salvo por mi insoportable arrogancia e iluminismo. De eso no os libráis.

Tengo algo que confesar: el sexo me da asco. Bueno, no. Lo que me da asco es el sexo con desconocidas, o amigas, o desconocidos, o amigos, o gatitos, o… ejem, todo lo que no sea el objeto de mis amores de turno, plaza que por cierto ahora mismo está vacante. Y no es que no tenga ese natural instinto que tenemos todos los tíos (¡y las tías! ¡Las tías más aún!) de querer interactuar con el sexo opuesto por lo bajuno, vamos, que aunque no lo aparente porque soy un cínico asqueroso, creo que no soy menos cerdo que la media de los tíos (que la media de las tías sí, estoy seguro, soy menos cerdo). Pero es sólo imaginarme a una tipa cualquiera ahí toqueteando mi virginal y grasienta res extensa y… ay, quita, no. No sé, de alguna forma me causa repulsa, no sólo para mí, lo mismo en otra gente. El concepto de rollo de discoteca, y no hablemos ya del de follamigo, me parece totalmente repulsivo.

Y vosotros (y sobre todo vosotras) diréis: pues qué retrógado, chico. Que hoy en día nos hemos librado de las cadenas y los bozales y los cinturones de castidad de la opresión social y que podemos y debemos ir refregándonos todo lo que podamos con los demás. Que me vuelva a la Edad Media y os deje disfrutar tranquilos. Y yo diré: que os jodan. Mi mentalidad no es retrógada porque, para empezar, no es una mentalidad. Es un impulso, una impresión, un rechazo irracional, igual que vuestro impulso de follar, y por lo tanto igual de respetable.

Lo que sí es retrógrado es ir con los estereotipos por delante y poner a la gente como yo de pringaos, de reprimidos, de manipulados; en definitiva, tratar de censurar, aunque sea en pensamiento y palabra y no en acto (en Menéame un comentario como este ya estaría en gris), esta forma de considerar la cuestión. Muchas veces me ha parecido que tengo que pedir perdón por tener y mantener una opinión que además muchos de vosotros sentís pero tratáis de aplastar en aras de una supuesta racionalidad de la conducta. Pero los reprimidos somos nosotros, claro.

Ahora bien, diréis: pues tú bien que dices que lo nuestro te parece asqueroso y degradante. Y yo diré: cierto, pero es que lo vuestro es una acción, mientras que lo mío es una omisión. No me dan asco vuestras ideas, me da asco vuestra conducta; en mi caso no hay conducta, hay no-conducta, inacción. Algo que no se hace no puede dar asco. Si me tenéis asco es que tenéis asco a mi ideología, y por lo tanto, os remito al párrafo anterior.

En serio, seamos más tolerantes. Tenemos un déficit de tolerancia ideológica muy importante, aun en los tiempos que corren, en multitud de temas como el aborto, el matrimonio, la justicia, las nacionalidades. Todos seríamos más felices si tratáramos de comprender, aceptar y, por ende, permitir las ideas de los demás. Una mente abierta no es una mente abierta de patas, sino la que acepta mentes abiertas de patas, cerradas de patas, como sean. Cada uno es dueño de su vida y en eso no debería meterse nadie. Ante todo, respeto.

En fin, esta entrada me quedaba mejor hace unas horas, en la ducha.

Puteo de las mujeres patrocinado por el excelso Ministerio de Igualdad.

Chananan-nan chananán

¿Sabéis cuando una canción te gusta, bueno, está bien y tal, la escuchas, la vuelves a escuchar, la escuchas una vez más, la escuchas con frecuencia, la escuchas por todos lados, te persigue allá donde vas, se esconde en los momentos más insospechados sólo para sonar una vez más hasta que generas el más absoluto de los odios por ese trocito de composición musical?

Vale, yo no, soy uno de estos que si les gusta una cosa les da igual verla u oírla diez, cien o mil veces que le seguirá molando… a no ser que la saquen demasiado de contexto, como es el caso. Por ello hago un llamamiento a los señores organizadores de espectáculos, a los poseedores de móviles con realtonos (al 7777 y tal), a los realizadores de sonido de montajes videográficos, a los directores de bandas de música, en fin, a toda clase de gente susceptible de reproducir audio para que, por lo que más quieran, dejen de meter con calzador la musiquilla de los Piratas del Caribe a la más mínima ocasión.

En serio, la melodía está bien en su ambiente, en su película, quizá en algún que otro momento así donde encaje bien, pero no como as en la manga de cancioncilla popularucha animosa en plan «uy mira cuánta acción transmitimos con este clip tan dicharachero». Porque habéis conseguido que le coja una manía considerable a una música que en su jugo mola bastante.

En fin, me siento un poco Juankiblog. Bueno, todavía no. Verga. Ahora.

El análisis más subjetivo del iPhone jamás escrito

Tengo un iPhone. Pégame.

Lo siento, fanboys pijos aborregados ignorantes maqueros (ponga el sustantivo donde le apetezca), he de haceros saber algo: el iPhone es una mierda. Y no lo digo así por decir, eh, que yo tengo amigos gays iPhone y sé de lo que hablo. El peor de los teléfonos del mercado y uno de los peores dispositivos portátiles con un poco de maquillaje, y bastante de adoctrinación corporativa, presión social, y bombo y platillo en general, se convierte en el megaultragadget cutting-edge state-of-the-art definitivo, el más revolucionario y más cool de la Historia. Pero la realidad, amigos, es que hay infinidad de alternativas objetivamente mejores.

Podría dejar aquí el post y punto, porque para cualquiera que sea mínimamente imparcial y tenga los ojos abiertos está clarísimo que el iPhone no vale ni de espejo, pero como no quiero que los fanáticos cegados de odio me acusen de troll y de no aportar pruebas, voy a hacer un pequeño análisis con algunos de los aspectos que lo hacen un ladrillito totalmente inusable. A saber:

  • Su trasero curvo. Cuando apoyas el «aparato» en la mesa, usarlo se hace imposible, ya que tocarlo le provoca un inestable vaivén que te pone de los nervios y lo convierte en totalmente inusable.
  • Cuando ves una página web (por ejemplo marca.com, sí, qué pasa, me gusta el fútbol, Gran Hermano y los blogs porno, ¿soy menos guay por ser normal?) sosteniendo el iPhone en vertical, la letra es minusculísima (bueno, eso las minúsculas, las mayúsculas pasan a ser muy minúsculas) lo que imposibilita su lectura y te hace recurrir a complicadas torsiones de dedos para poder distinguir algo, cargándose la imagen de la página, claro, o bien girar el móvil de forma que más que un móvil parezca una PSP. Y luego dicen que es la plataforma de Internet móvil definitiva… Já.
  • Cuando estás tumbado de lado y sostienes el iPhone ante tus ojos, si pones el móvil en horizontal respecto a tu cuerpo el iPhone cree que está en vertical, y viceversa, con la incomodidad supina que ello supone. (Cada vez hago juegos de palabras más retorcidos).
  • El teclado del teléfono tiene tonos de marcado pleistocénicos. ¿Un móvil de última generación tendría los mismos pitiditos que el teléfono de tu abuela? La respuesta es no.
  • Los teclados de marcación y de escritura no sobresalen, lo que hace tremendamente incómodo y frustrante escribir. Nada que ver con el placer de vencer la resistencia que ofrecen los botones físicos que tienen algunos de los dispositivos portátiles competitivos de verdad.
  • Además, el continuo toqueteo sobre el cristal provoca una desagradable pantalla de suciedad, obligándote, por un lado, a limpiarlo cada cierto tiempo (¿para esto me dejo la pasta que me he dejado?), y por otro, a cambiar tus hábitos higiénicos personales (cosa que, no sé por qué, me ha agradecido más de una persona).

Y así podría seguir ad infinitum (para que luego digan que sólo soy un mero hoygan, mira qué latinajos que suelto), pero, sinceramente, la compañía-secta de la manzana no merece que le dedique ni un sólo movimiento de mis dedos más. Así que concluiré lanzando una colleja virtual-verbal a los borregos adoradores del viejo Curros:

¡¡¡Despertar, cojones!!!

Poder tricolor

Qué de colores.

Qué de colores.

¡Hola! Ejem, digo… ¡Salud! Soy la bandera republicana. Pero no soy una bandera cualquiera, ¿sabes? ¡Tengo superpoderes! Con sólo ser la bandera oficial de España, convierto al país en todo lo que siempre soñaste: la justicia es imparcial (bueno, mejor parcial pero para las minorías (y con minorías no nos referimos a los poderosos, sino a las minorías… a las minorías mayoritarias, ya sabes)), todos los votos cuentan igual (claro que los pijo-enchaquetados no pueden votar, que a ver, represento a una república de trabajadores y carteles desteñidos, los acorazados cabezones no tienen cabida en mí), reconocimiento de identidades nacionales, igualdad para todos, libertades de todos los colores, derechos a cascoporro, ni colas ni retrasos en ningún servicio público (se acabó lo de tener que llevarte a una amiga (o amigo si eres hombre y gay) al baño para no aburrirte esperando), calificaciones en la educación de 7 a 8 (todos notables, pero sobresalientes los mínimos, hombre, que somos iguales), gordo de Navidad para todos, preservativo que se pone solo y es invisible (pero de verdad, no como el que le contaste a la choni del viernes pasado), venta de bienes eclesiásticos a los países pobres (que el oro está muy rico), cura del cáncer, gatitos felices y pajaritos trinando por doquier. ¡Sí! Porque ondeando allí en Colón mis tres colores insuflarán por todo el Estado todos estos valores como por arte de magia.

Así que ya sabes: ponme de firma en tus foros, cómprame en los chinos y cuélgame en tu cuarto, haz un par de pintadas por ahí conmigo y acude a alguna manifestación si se da la casualidad ondeándome, que conmigo en la puerta de tu ayuntamiento todo será mejor. ¡Salud y yo!

¿Interface?

Señores programadores, diseñadores y frikis en general:

interfaz.

1. f. Inform. Conexión física y funcional entre dos aparatos o sistemas independientes.

Ni el interface, ni los interfaces, ni leches: la interfaz, las interfaces. Gracias.