
Prácticamente todas las decisiones que se toman en la vida se encuentran plenamente predeterminadas por la convención social, en un lamentable espectáculo de borreguismo masivo en el que muy pocos se atreven a considerar lo que realmente quieren, por qué lo quieren y cómo lo quieren. Cuando naces te encuentras con que ya te han escrito toda tu vida antes de empezar, con que sólo tienes que ir dando clic a «Siguiente» hasta que te frene la muerte, desdicha fuerte. Nada nuevo.
Dentro de esta marea de convenciones se encuentra la pareja, con toda la parafernalia que la rodea; lo que me interesa ahora de ella es el acuerdo (tristemente implícito, la mayoría de las veces) de fidelidad. El imperativo vendría a ser «no te tires a nadie más mientras estés con tu pareja», entendiendo «tirarse» en un sentido metonímico amplio, claro. Luego, cuando cometes la bobalicona chorrada de casarte, esto se une al mantener para siempre a una misma pareja, hasta que la muerte os separe; quedando, a fin de cuentas, un grácil «no te tires a nadie más hasta que tu pareja la palme». Y en ese último detalle quiero hacer hincapié.
Esto le va a parecer una gilipollez a más de uno, pero yo, que por todos es sabido que pertenezco a la élite ético-moral y que las convenciones sociales me resbalan, pienso seguir siendo fiel a mi pareja (definitiva, se entiende) en el caso de que ella muera antes que yo.

Hay muchos motivos para ser fiel. Un buen motivo es no hacer daño a tu pareja. Gracias a este motivo las infidelidades ocultas en páginas como el Meetic están a la orden del día; total, mientras tu pareja no se entere no le va a hacer daño y no va a estar mal, ¿no? Pero vale, combinemos este motivo con el propósito de no mentir, pongamos que realmente le eres fiel por no hacerle daño y no mentirle. Todo bien, pero si tu pareja te diera permiso para estar con otras personas, ¿tú querrías? Probablemente. Yo no.
Yo prefiero pensar que la fidelidad recae más sobre mí que sobre mi pareja. La chica de mi vida es una, única y absolutamente especial, por el hecho de ser la chica de mi vida. Mi vida será más bonita y profunda si cumplo con esto con todas las consecuencias. Esto en la práctica es igual al caso anterior, le eres fiel y punto… hasta que llega el momento en que el Universo se la lleva al otro barrio.
Es comprensible que, si la fidelidad para con tu pareja era meramente pragmática, del tipo no dañar+no mentir, al morir tu pareja te busques a una nueva. Si, como en mi caso, se basa en la convicción de la unicidad de tu pareja, esa unicidad se mantendrá en el caso de que muera y, por lo tanto, no podré irme con otra sin sentir que estoy estafando a mí mismo y a lo que significó esa pareja.
Y ahora lo que a mí me gusta: el caso extremo, el caso jodido. Pongamos que soy un chico joven que lleva un par de años con una joven chavala. Pongamos que un buen día le cae un yunque encima, le atropella un Airbus o se corta la yugular con un sobre. Pongamos que muere. Tengo toda la puta vida por delante y la que esperaba que fuera mi compañera de viaje se ha bajado del tren mucho antes de tiempo. ¿Y ahora qué? ¿Vivo el resto de mi larga vida solo? ¿Estoy traicionando a mi pareja por ello? ¿Es justificable?
Yo, desde ya, prefiero pasarme de heavy que quedarme corto así que diría que pasaría el resto de mi vida solo, en honor a la autenticidad de ese amor. Ahora bien, reconozco que es una situación realmente extrema y que no podría decir con seguridad lo que haría si llego a encontrarme en esa situación.
Que Mandos no lo quiera.
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19/01/2010 16:23
OpiniónNo me gusta la categoría Opinión de este blog. Porque opinar, lo que viene siendo soltar ideas sueltas sin mucho fundamento firme, puede hacerlo cualquiera y tiene más bien poco interés más allá de la sugerencia. Y a mí me gustan las cosas ante las que sólo cabe asentir con la cabeza gacha, que no admiten discusión, seguras, ciertas, en definitiva, impepinables.
Pero qué le vamos a hacer: hoy vengo con una idea cogida con pinzas, de esas que viene el primer colega en los comentarios y me la destroza de un plumazo. A ver si es verdad.
tecnocracia.
(De tecno- y -cracia).
1. f. Ejercicio del poder por los tecnócratas. U. m. en sent. irón. o despect.tecnócrata.
1. com. Partidario de la tecnocracia. U. t. c. adj.
2. com. Técnico o persona especializada en alguna materia de economía, administración, etc., que ejerce su cargo público con tendencia a hallar soluciones eficaces por encima de otras consideraciones ideológicas o políticas.
Pues una sofocracia es lo mismo pero sin sonar franquista.
Y como no tengo ganas de escribir mucho, expondré mis argumentos con un par de dibujos que hice hace cosa de dos meses.

Los ciudadanos elegimos democráticamente a unos pintamonas que para lo único que sirven es para que no se desmadre mucho la cosa, a pesar de la corrupción, la ineficacia, el egoísmo y todo lo que arrastran.
Estos mequetrefes llamados políticos están por encima de los empresarios, cuyo trabajo es ganar pasta. Cosa que hay que reconocer que se les da más o menos bien. Además, al ganar ellos pasta, hacen ganar pasta a toda la sociedad, generando empleo, bienestar y toda la pesca. Pero claro, las ansias de pasta con un gobierno que no sabe encauzarla acaba en lo que acaba: crisis, paro, más crisis, más paro, menos pasta. O sea, que las ansias de pasta, con un mal gobierno, acaba siendo contraproducente.
Y, bajo sueldo de los empresarios, se encuentran los héroes de nuestro tiempo, los que hacen lavadoras, coches con control electrónico de estabilidad, Asimos, 3Gs y LHCs, vamos, que poca peguita se puede tener de ellos: los sabios. Y con sabio me refiero al que sabe, en todos los ámbitos. Su único problema es que su ímpetu creador está regulado por las necesidades económicas de los empresarios, por lo que si tu idea, aunque pueda cambiar el mundo y crear una sociedad mejor, no sale rentable, catacrocker con ella. Lo que pasa por ejemplo con las energías renovables.
Tal que así:

Hemos visto que los que mejor hacen su trabajo son los sabios, justamente los que tienen menos poder. Los siguientes más hábiles, los empresarios, quedan en segundo puesto de poder; y los más inútiles, los políticos, allí están, en la cima del monte Olimpo, con el cetro de poder supremo. Lo lógico, vamos.
Pues bien, la solución a esto es sencilla: quitar del medio de un plumazo a los políticos y poner en su lugar a los sabios.

Con una política eficaz, se consigue un control sobre la economía y sobre los empresarios eficaz, y lo más importante, socialmente responsable. Aunque las renovables nos cuesten más dinero a priori, se impulsan por encima de las energías tradicionales. Además, con esta regulación de la economía, los sabios gobernantes, los filósofos reyes, amantes de la sabiduría, darán más libertad creadora a los sabios innovadores por puro amor al arte, con toda la grandeza que esto supondría para la humanidad. Imaginad un mundo lleno de proyectos semejantes en magnitud al LHC, a la vez que se arregla poco a poco el problema de la pobreza mundial, los procesos de la civilización se optimizan y se hacen eficientes, coches voladores, aspiradoras inteligentes, robots rebeldes… Ah. La utopía.
¿Y cómo se impondría esto? Pues… no sé. Haría falta que la gente dejara de ser idiota y mandara al pollastre a los políticos, que los estados poderosos del mundo no intervinieran para parar la cosa (una bonita tradición en nuestra civilización, antaño con la Santa Alianza o más antaño aún con los bandos de la Guerra de los Treinta Años (ea, ya he demostrado lo listo que soy, mami), hoy se basta y se sobra EE UU solito), que los lobbies económicos perdieran poder, cosas que ni de coña son posibles a corto o medio plazo.
Lo que está claro es que el mundo va camino de ser un lugar mucho más guay si es verdad que los frikis heredarán la Tierra.
PD. Y a esto lo llamo yo no tener ganas de escribir mucho.
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29/08/2009 17:00
OpiniónHay quien dice de mí que soy un maldito maniático compulsivo con tendencia irreversible al odio visceral e irracional hacia todo lo que le guste al, como mínimo, 51 % de la población. Entre otras cosas, porque no me gusta el house/dance/demás tecnomierda, tener amigos o el verano. Así que, en aras del triunfo de la razón y el prudente dominio intelectual sobre las irascibles apetencias del animoso espíritu, o de la espirituosa ánima, y dado el aparente éxito del infalible método proposicional del anterior post, voy a hacer un breve balance de cosas que molan del verano y cosas que no molan del verano. Para mí, claro.
Así que dejad ya de proclamar y aclamar y reclamar el SUMMERTIME bajo la excusa de que vosotros sí tenéis vida para poder disfrutarlo y compradme un iglú en Groenlandia con conexión a Internet y un Supersol al lado.
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30/06/2009 13:38
Opinión, Yo me mí conmigoHe decidido a partir de ahora hacer un breve juicio esquemático de lo que vea durante el día y considere que me dé para un breve juicio esquemático, más que nada porque es una forma fácil y sencilla de rellenar la base de datos de posts. En este caso, el topless.

La fijación de playas específicas donde esté permitido, o donde no esté permitido, que para el caso es lo mismo, el topless, satisfaría tanto a los de A como a los de D. En el ámbito social, las chicas que vayan en topless deberían aceptar que los chicos las miren y que sus novios no estén de acuerdo y las limiten.
Libertad de destaparse sin limitar la de los demás a excitarse, a no excitarse o a escandalizarse. Simple y efectivo.
(PD. Ni estos putos posts de columnista racional wannabe me salen cortos, joder).
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27/06/2009 21:58
OpiniónPre-nota: Como sé que soy un coñazo de tío, he puesto lo importante del post en negritas. El resto te lo puedes saltar sin perderte información.
Esto era una reunión de amigos létricos. Todos estaban animados, salvo A, a quien se le había muerto la madre viajando en barco. Apenado, A se lo contó a sus amigos B, C y D. Estos, después de compadecerse y todo el proceso, empezaron a hacer coñas sobre la madre de A y su muerte: que si el barco se hundió de lo gorda que estaba, que si tal, que si cual. «¡Joder, qué coño os pasa, que es mi madre!», exclamó totalmente indignado A, a lo que B, C y D cesaron sus risas al instante para adoptar el más serio de los semblantes. «¿Acaso osas», decía B, «intentar decirnos de qué nos tenemos o no que reír? Atadle, chicos.» C y D ataron y amordazaron a A, y con B siguieron proclamando chistes y bromas sobre la difunta madre de A, ahora sin risa ni gozo, sino puño en alto, como proclama política o reivindicación ideológica.
Este es uno de los debatillos típicos de todo foro, blog, Tuitis o conversación en persona en el improbable caso de que tengas vida, como dirían algunos, offline, que más cansinos me parecen: los límites del humor, cuándo deja una broma de ser graciosa para pasar a ser ruin. Humor negro sí, humor negro no.
De entrada, que se debata sobre algo tan serio como el humor me parece una chorrada. El humor es importante, pero no en el sentido de un ideal como la libertad, la igualdad o (adivinad) la fraternidad. No es algo que se tenga que defender, algo por lo que haya que sacrificarse. El humor es importante porque alegra la vida. Ni más ni menos. Hace la existencia más llevadera. Por esto no entiendo a esos adalides del humor como estado superior de la sociedad, esos Cómicos Sin Fronteras dispuestos a soltar todo lo que se les pase por la cabeza y crean gracioso, sin importar a quién pueda afectar, y aplastando toda opinión disidente como daño colateral necesario. No sé, puestos a defender valores vacíos ponte a difundir la Palabra de Firefox entre tus colegas o a fundir el ShipIt de Ubuntu entre los ordenadores de tus familiares más ancianos, que más profundidad ética que esto tiene.
Cuando se te ha muerto tu madre o tu perro, lo último que quieres es que venga un capullo risitas cualquiera a reírse de la desgracia. Es normal, es como una patada en los cojones, es supergraciosa mientras no te la peguen a ti. Lo raro sería que no te doliese.
Ahora bien, otra cosa es pasarnos de rosca y pensar: «si a mí no me gustaría que se descojonaran de mi madre, es que nadie tiene derecho a descojonarse jamás de ninguna madre». Este absolutismo anti-humor negro es otra cara de la misma moneda: darle demasiado valor a algo que no lo tiene de por sí. Es humor, tíos, es reírse de una cosa si hace gracia, y si no, pues no se ríe uno, pero dejémosno de chorradas. Si vengo yo en un blog a hacer una coñita con los del vuelo de Air France no es porque sea un bicho desalmado, sino porque los doscientos o trescientos pasajeros del avión no me importan más de lo que me importa un desconocido estándar, y la entropía empatía que me provocan es menor que la gracia que me hace la cosa. Y no es nada de qué avergonzarse, es natural: no toda la gente nos importa igual, y si no fuera así nos volveríamos locos, porque otra cosa no, pero en cantidad los humanos somos un puñao.

Él sí sabe cuándo tiene que reírse.
Con esto quiero decir: si una cosa te hace gracia, ríete sin complejos; si hay alguien que se siente ofendido o dolido, no te pases, compadécete con él y deja la coña; si te sientes ofendido por norma, sin sentirlo de verdad, déjate de bobadas y deja que la gente se divierta. Y dediquémonos a discutir sobre otros temas mucho más interesantes, como, no sé, el aborto.
Aprovecho para declarar la primera y única Norma que regirá este blog a partir de hoy: no hablar del aborto. Si algún día menciono algo del tema, sólo tenéis que recordarme esta Norma y el post será borrado a efecto inmediato. Palabrita.
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23/06/2009 15:44
Asociedad, Opinión, Sabihonduría, ¡Protesto!Yo soy uno de esos típicos tíos que cuando se habla de algún tema económico se queda con cara de ojete sin apenas entender qué mierdas están diciendo. Aunque di Economía el año pasado y se me daba bien, y mantengo una cierta curiosidad sobre el tema, no consigo seguir el hilo a los típicos expertos que van al CNN (o peor, a Intereconomía) a arreglar la crisis desde el plató. Aún así, creo que mi estado de sapiencia es el que sale mejor parado; mejor no tener ni idea y reconocerlo que ser un expertillo de barrio que arreglan la crisis desde el barbero con soluciones cuanto menos bizarras (Estados Unidos no sufrirá la crisis porque tiene muchas patentes, fue la última perla que oí), o bien uno de los que sí que saben de verdad pero que, aún así, por debajo de todo lo que ellos daban por supuesto, les ha surgido una crisis delante de las narices.
Pero hay una cosa que me saca de quicio y que creo que es el principal causante de que no pille ni media: el vocabulario económico. Se basa en reutilizar palabras de cualquier ámbito, de forma totalmente aleatoria y sin ningún criterio de adaptación, y asignarlas a conceptos que en nada se relacionan con el término en sí. (Vale, estoy exagerando un poco.)
Por ejemplo, el tipo de interés. Yo leo eso y pienso: vale, habrá intereses fijos y variables, grandes y pequeños, verdes o morados, yo que sé. Pues no: el tipo es un número, un porcentaje, una cifra sobre la que (según tengo entendido) se basan los préstamos. Espera, ¿préstamos? No, hombre, utilizar una palabra tan parecida a «prestar dinero» sería demasiado obvio: mejor crédito, eso que representaban las vidas en las máquinas recreativas en tu tierna infancia, eso que se le niega a los ojos cuando ven algo impensable, esas unidades de las que se componen las carreras universitarias. Si será por homónimos.
Una de mis favoritas (aunque no tiene mucho que ver con estos sucios temas) es la comisión. ¿Qué es lo que no se lleva ING Direct? Comisiones. ¿Cómo se llama uno de los órganos de gobierno de la UE? La Comisión Europea. ¿Y uno de los principales y más nobles sindicatos de este país? Exacto, Comisiones Obreras. Vamos, que lo que podrían haber llamado simplemente «porcentaje por mérito» o «por venta» o algo por el estilo, pues no, lo llaman comisión, es decir, «1. f. Acción de cometer.». Y así con muchas.
Lo mismo lo hacen a conciencia, lo mismo lo que quieren es tenernos subyugados en la ignorancia al pueblo llano y se guardan los términos que emplean de verdad para las altas esferas de poder. O lo mismo es simplemente que los economistas tienen muy poca imaginación. Lo cual, viendo la mayoría de los anuncios de bancos, seguros y cosas así, no me extrañaría en absoluto.
En fin, esto no deja de ser una pataleta de paleto (y eso no deja de ser una aliteración que me hace muy guay) para tratar de excusar mi ignorancia económica en simple ignorancia lingüística, así que no hace falta que me deis crédito de ningún tipo. …¡Ouch!
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19/03/2009 00:21
Opinión, ¡Protesto!No es que no sepa de qué hablar aquí en el blog y por eso lleve doce días sin deleitaros con mi espesa verborrea; es sólo que no he tenido ganas de postear. Sin más. Y si no tengo ganas de postear, pues no posteo, aunque lo cierto es que me he sentido bastante culpable al ver la fecha de la última entrada. En fin, que temas me sobran, así que no temáis, que hay sutilezas impepinables para rato.
Ya de entrada el título os habrá chocado un poco, pero es que hoy me siento extraño. Creo que este post se parecerá poco a los demás en estilo, salvo por mi insoportable arrogancia e iluminismo. De eso no os libráis.
Tengo algo que confesar: el sexo me da asco. Bueno, no. Lo que me da asco es el sexo con desconocidas, o amigas, o desconocidos, o amigos, o gatitos, o… ejem, todo lo que no sea el objeto de mis amores de turno, plaza que por cierto ahora mismo está vacante. Y no es que no tenga ese natural instinto que tenemos todos los tíos (¡y las tías! ¡Las tías más aún!) de querer interactuar con el sexo opuesto por lo bajuno, vamos, que aunque no lo aparente porque soy un cínico asqueroso, creo que no soy menos cerdo que la media de los tíos (que la media de las tías sí, estoy seguro, soy menos cerdo). Pero es sólo imaginarme a una tipa cualquiera ahí toqueteando mi virginal y grasienta res extensa y… ay, quita, no. No sé, de alguna forma me causa repulsa, no sólo para mí, lo mismo en otra gente. El concepto de rollo de discoteca, y no hablemos ya del de follamigo, me parece totalmente repulsivo.
Y vosotros (y sobre todo vosotras) diréis: pues qué retrógado, chico. Que hoy en día nos hemos librado de las cadenas y los bozales y los cinturones de castidad de la opresión social y que podemos y debemos ir refregándonos todo lo que podamos con los demás. Que me vuelva a la Edad Media y os deje disfrutar tranquilos. Y yo diré: que os jodan. Mi mentalidad no es retrógada porque, para empezar, no es una mentalidad. Es un impulso, una impresión, un rechazo irracional, igual que vuestro impulso de follar, y por lo tanto igual de respetable.
Lo que sí es retrógrado es ir con los estereotipos por delante y poner a la gente como yo de pringaos, de reprimidos, de manipulados; en definitiva, tratar de censurar, aunque sea en pensamiento y palabra y no en acto (en Menéame un comentario como este ya estaría en gris), esta forma de considerar la cuestión. Muchas veces me ha parecido que tengo que pedir perdón por tener y mantener una opinión que además muchos de vosotros sentís pero tratáis de aplastar en aras de una supuesta racionalidad de la conducta. Pero los reprimidos somos nosotros, claro.
Ahora bien, diréis: pues tú bien que dices que lo nuestro te parece asqueroso y degradante. Y yo diré: cierto, pero es que lo vuestro es una acción, mientras que lo mío es una omisión. No me dan asco vuestras ideas, me da asco vuestra conducta; en mi caso no hay conducta, hay no-conducta, inacción. Algo que no se hace no puede dar asco. Si me tenéis asco es que tenéis asco a mi ideología, y por lo tanto, os remito al párrafo anterior.
En serio, seamos más tolerantes. Tenemos un déficit de tolerancia ideológica muy importante, aun en los tiempos que corren, en multitud de temas como el aborto, el matrimonio, la justicia, las nacionalidades. Todos seríamos más felices si tratáramos de comprender, aceptar y, por ende, permitir las ideas de los demás. Una mente abierta no es una mente abierta de patas, sino la que acepta mentes abiertas de patas, cerradas de patas, como sean. Cada uno es dueño de su vida y en eso no debería meterse nadie. Ante todo, respeto.
En fin, esta entrada me quedaba mejor hace unas horas, en la ducha.
Puteo de las mujeres patrocinado por el excelso Ministerio de Igualdad.
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09/03/2009 02:18
Asociedad, Opinión, ¡Protesto!Nos adentramos en estas fechas tan señaladas y con ellas llegan a nuestras calles esos pequeños atentados tan entretenidos: los petardazos. No me molesta demasiado el ruido en sí, vamos, que me parece muy bien que la muchachada se dedique a eso; el problema es que no le veo la diversión por ninguna parte.
A ver, tirar un petardo consiste en unos sencillos pasos: 1. encender la mecha, 2. asistir al instantáneo petardazo. Y ya está, game over, como mucho puede salir alguna chispa o rollo de estos, o puedes destrozar una naranja o cualquier chorrada, pero ni aún así le pillo la gracia. Veo mucho más divertido pasar ese brevísimo momento haciendo cualquier otra cosa, no sé, matando a un nazi en el Call of Duty o incluso destruyendo una criatura jugando a las Magic (coñazo donde los haya). Pues nada, la gente llega la Navidad y se pone a hablar entusiasmada del petardo que han pillado por ahí o de la lata que reventaron el otro día.
Tengo un pequeño defecto y es que todo lo que no entiendo lo achaco a que la sociedad es hipócrita. Pues eso es lo que creo, en realidad lo que les mola no son los petardazos en sí sino el mundillo de jerga y clandestinidad que envuelve a los pequeños explosivos, además de ir contando luego tus grandiosas hazañas que se resumen en que has quemado un poco de pólvora, porque el asunto no da para más. Muchas veces he asistido a conversaciones tipo «pues yo más», parece que cuantas más cosas raras petardees más guay eres, o algo.
En fin, a ver si algún delincuentecillo de estos se pasa por aquí y me explica lo divertido del asunto.
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14/12/2008 01:13
Asociedad, OpiniónAntes de nada aclaro que en el país al que pertenezco se le llama Tuitis a Twitter, y por lo tanto es mi deseo y mi deber llamarlo así cada vez que tenga ocasión, y así será por los posts de los posts.
El caso es que desde siempre he oído críticas desde todos los flancos a Tuitis: que si vaya chorrada, que si qué pérdida de tiempo, que si es inútil, que si es el marujeo 2.0, y varios «que si» más. Antes de usarlo intensamente yo también tenía mis reticencias, en mis comienzos me costó pillarle la gracia, y ahora, que llevo poco más de un año usándolo, puedo defender que tiene un trasfondo bastante más sólido de lo que parece y que puede resultar verdaderamente útil. Por ello, voy a tratar de analizar qué puedes encontrar en Tuitis más allá del «what are you doing», y a intentar convencerte si eres de la «resistencia» a que lo pruebes.

Captura de pantalla de mi Tuitis.
Creo que la principal característica diferenciadora de Tuitis es su flexibilidad. Aunque la idea y la pregunta inicial es esa invitación a contar qué estás haciendo en cada instante, este uso queda en la práctica bastante relegado (sólo lo sigue a rajatabla algún que otro cansino) y los usuarios nos hemos quedado con la forma, el sistema de comunicación que hay detrás, y lo hemos adaptado para todo tipo de contenidos.
Este sistema tan tosco, basado en simples referencias a los nicks (los famosos @s), suele parecer caótico a los no iniciados, pero lo cierto es que a mi parecer consigue algo que no han conseguido ni blogs, ni foros ni ninguna otra plataforma social en línea: se logra una difusión de tus contenidos a la vez al público y a tu entorno con una agilidad y practicidad nunca vistas, al trasladar en gran parte la tarea organizativa de la conversación (lo que serían los topics y posts en los foros, los comentarios en los blogs, etc.) a la mente de los usuarios, en vez de a soportes técnicos (soporte que se limita a una mera referencia al tuit que es respondido, lo que es como si de cada post de un foro sólo pudiéramos conocer el post anterior); el usuario debe encargarse de seguir de forma más o menos continua la «conversación general» que se desarrolla para no perderse. Y esto que parece tan costoso no es así en realidad, ya que estamos de hecho más preparados para seguir una conversación «fluyente» que a base de bloques estáticos de información. Se podría considerar Tuitis como un punto intermedio entre blogs y mensajería instantánea (no apruebo demasiado el término microblogging).
Y se podría decir: vale, muy bien, el sistema mola, pero ¿de qué vale si en Tuitis no hay más que cotorreo marujil? Pues esto en realidad no es así. En Tuitis tú eliges a quién lees; los usos que las personas dan a sus canales son bastante variados: divulgativos, curiosos, personales, casi literarios, tipo chat… para todos los gustos. Muy probablemente en Tuitis encuentres gente que te agrade leer.
Precisamente lo que me parece peor de Tuitis es su dificultad de iniciación, realmente tienes que ir avanzando por ti mismo para encontrar a esta gente que te interesa y al principio puede requerir un poco de insistencia hasta que empieza a enganchar. Es cuestión de ir empezando por aquellos que sabes que te interesan (algún conocido, algún blogger que te guste) e ir tirando a partir de sus contactos. La dinámica de seguir/no seguir los Tuitis de la gente es bastante ágil y ligera, muy alejada del horrible noadmitir de la IM, por lo que podrás conformar tus intereses con rapidez. En este sentido es parecido a tus feeds RSS. En Tuitis los compromisos sociales se suelen difuminar bastante (aunque siempre depende del usuario).
En resumen, Tuitis es una nueva forma de comunicación que, aunque pueda parecer extraña en la idea, ha dado excelentes resultados en la práctica y que nadie debería dejar de probar. Al final, engancha.
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13/12/2008 01:41
Opinión