
Es extraño. Es extraño que algo tan simple sea tan extraño.
Nosotros las personitas y todo a nuestro alrededor vivimos naufragados en un flujo constante de… de todo. El flujo de flujos, la cuesta abajo por la que rueda el Universo. Un flujo de unidades infinitesimalmente pequeñas llamadas instantes; se podría decir que un instante contiene todo el Universo estático y la información para pasar este Universo al siguiente instante. El tiempo, que llaman a este flujo. Ha estado siempre ahí, todos sabemos lo que es, nada nuevo.
Lo que es curioso es la forma de percibir esto que tenemos nosotros las personitas. Básicamente, tenemos tres grandes categorías donde metemos a saco todo este flujo: el pacífico y añorado pasado, el incierto y deseado futuro, y el fugaz y únicamente real presente. La gracia de todo es que el presente, siendo lo único realmente real, es totalmente inalcanzable si no es por el apoyo y ayuda de las abstracciones que son el pasado y el futuro; el presente es un instante, y un instante ¡es demasiado pequeño! A ver si consigo transmitir esta idea, o más bien hacérosla sacar a flote, porque dudo que haya habido algún humano en toda la Historia que no haya sentido en algún momento el dolor del tiempo.
Un instante es algo bastante fácil de imaginar; lo hacemos desde que aprendimos a jugar al pollito inglés. Hala, todo quieto de repente. Lo que vemos, lo que oímos, lo que sentimos: nada cambia en ese instante. Sin embargo, cuando nos imaginamos el instante, lo hacemos apoyándonos en el tiempo: no imaginamos realmente el instante, sino que lo que hacemos es propagarlo en el tiempo, alargarlo, hacer que los siguientes instantes sean iguales a él. Resumiendo, no somos capaces de tratar adecuadamente con un instante. No podemos. Inmediatamente el futuro se convierte en presente se convierte en pasado.
Pero lo único real es el presente, un presente que sólo aloja un instante. Uno de esos instantes que no somos capaces de vivir.
Quiero decir, lo habéis sentido todos. Habéis deseado con muchísima fuerza algo, ha llegado, lo habéis disfrutado como habéis podido y ha quedado en el pasado. Y sabes que son las reglas, pero no lo has aceptado. Porque ¡qué cojones!, yo quiero mi instante de vuelta. Quiero vivirlo tanto tiempo como me apetezca, y luego guardarlo en un cajón, y cuando eso, hacer un GOTO y volver a la casilla que más te plazca. Pero no. Viviste tu instante de forma tan desgarradoramente fugaz que a veces, cuando paramos el carro un poquito y miramos a dónde se supone que estamos, nos resulta absolutamente inaceptable. Y entonces, en un momento de iluminación, sientes la gran estafa en la que, despreocupado, vives cotidianamente.
Pretendemos disfrutar el presente, el instante, pero sólo nos sentimos cómodos al tratar con el pasado mediante el sucedáneo edulcorado de vida que es recordar, y con el futuro, mediante otra vida de humo que es el planear e imaginar. Planeamos e imaginamos un instante futuro que al llegar al presente durará un inefable infinitésimo de tiempo e inmediatamente pasará a los archivos del pasado, y ahí sólo podrá vivirse en triste y falsa retrospectiva en el recuerdo. ¿Y así es como vivimos? ¿En serio? ¿Así? ¡Es absurdo!
El tiempo corre y lo único que vivimos en un instante que dura tan poco que los conceptos de «durar» y de «poco», y todo tipo de concepto en realidad, pierden su significado. Y aquí estamos nosotros, vivos, conscientes de alguna manera profundamente misteriosa, a caballo entre un presente demasiado fugaz y un pasado/futuro demasiado irreales para contenernos.
No sé, tío, es todo muy extraño.
El mundo es acojonante.
A ver, recuerda un poco tus clases de Química y de Física. Átomos, enlaces, fuerzas y todo eso. Todo el entramado de azarosas leyes tan chungas que has leído por ahí de física cuántica, relatividad y esas cosas. No sé. Recuerda que el mundo nació de un pelotazo inicial, un pepinazo que de ahí surgió toda la energía y toda la materia que conforma y mueve ahora el Universo. Ten esto presente, todo lo que pasa tiene su origen en el origen, esto negando que existe Dios o cualquier tipo de divinidad y tal.
Bueno, sabiendo eso, y sabiendo más o menos cómo va eso de la materia, cómo está hecha una piedra, con sus enlaces químicos y tal, electrones compartidos por aquí y allá, sabiendo eso… ¿Cómo cojones te explicas tu existencia? O sea, vamos a empezar desde abajo, desde el principio.
Yo no tengo mucha idea ni de química ni de biología ni de nada, pero bueno. Tenemos un conjunto de átomos, ahí puestos, ¿vale?, en una sopa. Van esos átomos y empiezan a disponerse según sus afinidades electrónicas y demás. Van haciendo combinaciones, se forman moléculas más y más complejas, pasan, no sé, un par de milloncejos o de miles de milloncejos de años y ¡voilà! Tenemos una célula. O sea, no sé si os habéis parado a pensar en lo acojonante que es una célula. El ADN. Una molécula que tiene la información para generar unas ciertas proteínas, proteínas que a su vez actúan con el propio ADN. Luego todo el proceso celular de producción: que si ARNm, que si ribosomas, aminoácidos, código genético, puf. Un flipe de proceso, un proceso exquisitísimo, intrincadísimo, sutilísimo. Pero vale, aceptamos, se me podía haber ocurrido a mí. Oh, pero ¿sabes qué? No se le ha ocurrido a nadie. Esa célula ha salido del petardazo inicial aquel, con sus reglas sencillas de enlace entre átomos y tal. Por sí solo. Te cagas.
Pero la recién creada naturaleza no se iba a quedar ahí. No, este ente surgido de la nada va a generar sus propias reglas: reproducción a toda costa, básicamente. Crear, crear y crear. Hacerse más complejos para poder crear más y mejor. Aplastar lo que sea necesario con tal de seguir reproduciéndose y desarrollándose. Y de ahí surgen las combinaciones de células, las células específicas. Van surgiendo, no sé, estreptococos, cosas de estas. Protozoos. Plantitas. Joder, estamos hablando de organismos tan tan tan tan complejos que no podemos ni abarcarlo mentalmente. E, insisto, no perdamos la perspectiva: todo surge de asociaciones simples y espontáneas. Todo este juego de reglas no las ha dictado nadie, han surgido y punto.
Y llegas tú. O sea. Un humano es ya la hostia de la complejidad. Somos parte del universo, somos una parte de ese chupinazo inicial, hemos surgido desde allí. Y vamos y nos volvemos contra el universo, lo intentamos meter en nuestra cabeza. Nosotros, formados por átomos, por células, por sistemas complejísimos, nos enfocamos a nosotros mismos y a estos sistemas. Se diría que el universo hace esfuerzos por comprenderse a sí mismo, si se pudiera decir que hay un sujeto universo capaz de esforzarse, pero no: insisto, todo surge del Big Bang del principio, todo pasa desde allí. Y bueno, cumplimos de la forma más radical la ley de la naturaleza. Somos máquinas de crear. Escribimos, hacemos películas, guiones, edificios, países, religiones, leyes, ordenadores, joder, algún día haremos robots, crearemos nuestros propios sistemas, algún día seremos aplastados por el ansia creador de la naturaleza y sustituidos por algo más poderoso aún. Es una carrera sin límite, una tendencia mareante hacia lo grande, hacia lo complejo, hacia lo extraordinario.
Y volvemos al principio: ¿todo esto, en serio, surgió de una explosión? ¿Las constantes físicas, las leyes, todo lo que hizo posible que surgiéramos nosotros, es verdad que es puro fruto del azar? Dios mío, esto es dificilísimo de aceptar. Tiene que haber una fuerza, un instinto, una intención primera, no sé, algo que dirija la existencia hacia su plenitud, algo que convierta la sopa de quarks y electrones en personas, porque sencillamente esto es demasiado increíble como que haya surgido así como así, no sé, este podría ser un universo aburrido, con sus planetas dando vueltas, sus moléculas sencillas, o complejas pero no, joder, es que pensamos en el mundo y no nos damos cuenta muchas veces de lo complejisísima que es la mera existencia de la vida, se puede ser muy muy muy complejo antes de llegar al nivel de complejidad de una célula. Pues eso, no somos un universo aburrido, somos un universo que alberga criaturas tan increíbles como nosotros.
Y diréis que si tiradas de dados y que si millones de años y que si tal, pero repito, el universo, con sus tiradas de dados y sus millones de años, podría haber sido aburrido, y no lo es. No lo es. Y ni falacias probabilísticas ni mierdas, esto es acojonante, visto desde fuera, visto desde dentro y visto desde cualquier lado.
La verdad, no me importa no tener alma, no me importa que mi vida se vaya a apagar y punto porque el pertenecer a un nivel tan increíble de profundidad de esa cosa que vemos tan vulgar como es la materia me sobrecoge lo suficiente como para no necesitar nada más.
El universo quiere que hagas. Haz. Ve y hazlo, ve y haz algo grande con tu vida, inténtalo porque es probable que el universo te ayude, es muy probable que la tendencia del universo esté contigo. Haz con tu vida historias porque eso es lo que significa la vida, el universo y todo lo demás: hacer historias.
¿Cómo es posible que un sistema se comprenda a sí mismo?
¿Cómo puede surgir de algo tan objetivo como la materia un fenómeno tan subjetivo como la conciencia?
¿Qué es real?
¿Vale la pena vivir?
¿En qué momento llegará la inteligencia humana al límite de sus capacidades?
¿Somos capaces de fabricar inteligencia artificial?
¿Nuestro progreso socio-político-económico va a ser continuo?, ¿o tocará, techo o ya ha tocado techo, conduciéndonos a épocas más oscuras como ha ocurrido reiteradamente en la historia?
¿Cómo hemos llegado a este grado tan elevadísimo de comodidad en los países desarrollados?
¿Cómo puede vivir una persona sobre fundamentos que saben que son una farsa?
¿Podría existir una vía de conocimiento alternativa a la razón, a los sentidos y al instinto que no somos capaces de intuir?
¿Existe alguna vía de conocimiento verificable?
¿Existe un dios?
¿Qué es existir?
¿Hasta qué punto estamos limitados por el lenguaje?
¿Por qué amamos?
¿Por qué nos sentimos unos superiores a otros si, a fin de cuentas, todo es la misma incertidumbre?
¿Por qué sigo escribiendo esto en vez de suicidarme por la falta de sentido de todo?
¿Por qué tenemos nociones internas ideales como el sentido de la vida, cuando en la vida no somos capaces de saciarlo?
¿Por qué hay gente que piensa y gente que no piensa?
¿Qué es pensar?
¿Somos un mero castillo de apariencias?
¿Tenemos algún control sobre algo?
¿Por qué podemos llegar a ser tan contradictorios sin que nos importe?
¿Por qué puede llegar a importarnos el ser contradictorios?
¿Por qué el mundo es como es, y no de cualquier otra forma?
¿Es todo absurdo?
¿Es algo absurdo?
¿Puede un sistema comprenderse a sí mismo?