
Me van a permitir mis buenos lectores un momento de sosiego y esparcimiento, un pie sobre la mesa, una pequeña anecdotilla susurrada a los nenes (ustedes) que se reúnen en corro en la alfombra a los pies de mi butaca. ¿Ya? ¿Listos? Bueno, tampoco es tanta cosa.
Mi madre, como dueña de una tienda de alimentación, desde que tengo memoria recibe cada dos por tres algún agasajo de sus proveedores para fidelizar la cosa. Que si mochilas, camisetas, estuches, bueno, y aquella vez que un proveedor especialmente desesperado nos regaló unas ¿cinco? bicicletas y un par de motillos de gasolina, lo que nos reímos, ¿eh?, el par de semanas que duraron sin caerse a pedazos, claro. Vamos, de todo tipo de cosas nos ha llovido por ahí, un surtidor de tontadas de propaganda continuo y caudoloso.
El caso es que por culpa de, o gracias, a todo ese material de gratix se ha dado una circunstancia curiosa durante toda mi vida, y es que, siendo como soy de familia más bien acomodada, un gran porcentaje de las cosas que he tenido durante toda mi vida han sido cutradas publicitarias.

En esta composición, la única que he encontrado, destaca un servidor, hace cosa de un año, vestido con una camiseta del Club Carrefour en una excursión donde toda la clase iba vestida en el plan pijo que se aprecia a mi alrededor. La historia de mi vida.
Sólo recuerdo, de toda mi vida de estudiante, haber tenido una mochila que no fuera de publicidad (la que tengo ahora y llevo usando todo el curso es de Eurowin). Ahora ya menos, pero hasta hace un año o así prácticamente toda mi ropa era de publicidad (os escribo con una camiseta de… bueno, de un torneo de pádel, no preguntéis que no lo sé), algunos polos y camisas incluidos; he llevado a clase estuches de lo más bochornosos y estrafalarios, he tenido los balones y colchonetas de playa más cutrongos y, bueno, todo por el estilo. Lo más gracioso era cuando me invitaban a un cumpleaños, y mi madre aprovechaba para deshacerse de un montón de chorraditas de estas, metiéndolas junto con un par de chuches de la tienda en una mochila (también de propaganda) y llamar a ese conjunto «regalo». Al principio me resbalaba, pero cuando me fui haciendo mayorcito (y se fueron metiendo conmigo) fui empezando a quejarme a mi madre por tamañas gitanadas, a lo que ella imponía su ley marcial y me mandaba a ajo y agua. Poco después dejaron de invitarme a los cumpleaños, así que bueno, no big deal.
Una conversación típica que aún mantengo con frecuencia es tal que así:
—Mamá, que necesito [inserte bien material aquí, no sé, una mochila o un estuche típicamente].
—Toma. *Se va a algún rincón recóndito y me saca algo parecido a [inserte bien material blablabla], por ejemplo (caso real) un neceser en vez de un estuche.*
—Pero mamá, joé, que esto no me vale, que…
—Que no, que haces el avío y punto.
El caso es que con el tiempo he ido adquiriendo un pensamiento reivindicativo respecto a esta bonita costumbre familiar. A mi alrededor sólo veo borreguitos obcecados con sucedáneos de estilo de vida, mientras yo me siento orgulloso por apañarme con cualquier cosa que valga más o menos para lo que quiero sin preocuparme demasiado por las pintas (hasta que me eché novia, claro). Todos los extremos son malos, pero esta extraña austeridad acomodada le hace a uno coger un enfoque de las cosas un tanto zen (o no, porque mis hermanos son todos unos sibaritas). Eso sí, a día de hoy no tengo ni idea de comprar o elegir ropa presentable ni de hacer regalos.
En fin, esa es la historia.
26/05/2010 11:01
Yo me mí conmigo
Una buena amiga mía se ha echado un novio cuya madre es visitadora médica. Vamos, chorraditas con nombres de medicamento a casco porro. El chico, que debe tener tu misma filosofía, siempre que pasa por casa le trae tanto a ella como a su compañera de piso una bolsita con estas chorradas: que si post-it, que si clips de pies (que luego mi amiga dividión entre tres y me regaló a mi también) hasta pulseritas con memoria usb de estas. Qué decir tiene que se ha ganado completamente a la compañera de piso y que tanto la novia como ella están encantadísimas de la vida. Esperando a que el otro vuelva del finde como niñas en el día de reyes. A ver que ha traído esta vez. Vamos, que igual como regalo serio no queda bien, pero como detallito es una cucada.
Pues tengo unas camisetas de la Expo del 92 que estaba pensando hacer trapos y me están entrando unas ganas de mandártelas…
La verdad es que llega un punto donde todo el material de oficina que manejas es de gratis. Bolis de la oficina, una grapadora, un taco de post-it que te regalaron en la imprenta, etc. Las camisetas más de lo mismo. Así son mis pijamas, de Veranoski o de HispaLinux.
Para escoger ropa con gusto, habiéndote echado novia (de lo cual me alegro enormemente), no debería preocuparte. Ella hará las elecciones. ¿A que sí, recientemente emparejada Bea?
El Geko tiene razón. Yo me visto con la misma ropa desde hace años, pero cuando te dicen que “Con esa camiseta no salgo contigo a la calle, que ya ni sirve ni para hacer trapos” pues ya te empiezas a plantear comprar ropa de verdad.
ESPERA ESPERA ESPERA. ¿Tienes novia?
Pues sí, Ellohir, desde hace unos meses.
Y de hecho para la única camiseta que me
hehan comprado en estos meses le he pedido confirmación a ella, así que desde luego ElGeko tiene razón.Es cierto, en el piso tengo cientos de libretas, bolis, estuches… de cursos, de propaganda de médicos… Y al final, las cosas como son, se acaban usando.
Mi material de universidad últimamente es una carpeta de una medicina para controlar la glucosa (indirecta para mí, por lo que se ve), bolis bic, un bolígrafo de tinta líquida (no viscosa) publicidad de la revista YAQ y folios (éstos sin membrete, ya sería demasiado exagerado, pero son más viejos que carracuca, llevaban en casa desde mi 1º de bachillerato y me daba pereza comprar más). La bolsa de viaje que llevo creo que es de una marca de ron (me da pereza mirarla, pero creo que es Brugal). Y visto habitualmente con merchandising de distintos grupos. Lo irónico es que por las camisetas sí que pagué (¡y no poco!).
Realmente, ¿qué más da? La ropa de propaganda te viste igual (y si no vas a sitios de excesivo protocolo y demases), los bolis de propaganda pintan (eso sí, muchos durante no mucho tiempo), las bolsas de viaje de propaganda valen para guardar los gayumbos y esas cosas.
Bueno… Eso de que te da igual lo de las pintillas por la publicidad es porque no tienes por casa artilugios publicitarios en los que pone «Viagra». xD
Por supuesto esos están en ese lugar recóndito que tú dices, donde no se ven jamás…
Hombre, evidentemente. No es lo mismo llevar una carpeta de una marca de tabaco que uno de una medicina para evitar la disfunción eréctil o la calvicie. Hay propaganda y propaganda :P
Una palabra: CCOO.
Afortunadamente mi madre nunca ha insistido en vestirme con las camisetas de las huelgas (salvo para estar por casa, no me imagino a nadie yendo por la calle con una camiseta de “X no se cierra”), pero aparte de eso, tenemos de todo: mecheros, bolis, lápices, calculadoras, carpetas, post-it… y un buen número de paridas que a alguien se le ocurrió algún día hacer y, como nadie les ve uso y nunca jamás las gastan, pues en mi casa acaban XD
Aijiru, espero que no lo digas en plan Ce Ce O O, como Urdaci :P