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Hasta el límite

Hay una pregunta que en estos últimos meses me ha estado viniendo constantemente a la cabeza, a raíz de cierto fracaso personal. Es un fracaso de estos que aunque se ven venir, cuando llegan te quedas con el culo torcío preguntándote qué ha pasado con todo lo que tenías, con lo que pudiste haber tenido, con lo que ya nunca tendrás. Vamos, un FAIL bien gordo que te hace replantearte mucho de la estructura de la realidad que tenías establecida.

Esa pregunta es: ¿hasta qué punto somos capaces voluntariamente de cambiar nuestra realidad? Dicho de otro modo, ¿cuál es límite entre lo posible y lo imposible para una persona?

Nietzsche viejuno.

Así acabó el señor Friedrich, el del superhombre y tal.

Yo era el típico listillo que decía «Y los que quieren dejar de fumar, ¿por qué no dejan de fumar y ya está?», y cuando ellos me decían «no es tan fácil» y tal simplemente pensaba que no tenían la suficiente fuerza de voluntad, que eran unos animales sin autocontrol que se engañaban a sí mismos. Lo mismo con los estudios, con el carácter, las dietas, las metas personales, cualquier cosa. Pensaba que todo era cuestión de echarle la suficiente voluntad, y que todo lo que se interponía entre tú y tu objetivo era algo a aplastar con la sola fuerza de tu libertad. Que éramos libres de llegar hasta donde quisiéramos, todos, sólo que a unos les costaría más y a otros menos.

Hasta que llegó la hora de poner esto en práctica. Me llegó la oportunidad, cogí mi objetivo y me decidí a conseguirlo a pesar de todo lo que me separaba de él, que era mucho, muchísimo. ¿Demasiado? Esa es la cuestión. ¿Hay algún punto en el que tu objetivo llega a estar demasiado lejos como para alcanzarlo? Estaba convencido de que no. Sólo tenía que andar lo suficiente, lo veía como algo lineal, ir subiendo peldaño a peldaño, con la fuerza que fuera necesaria. No veía que quizá, en algún punto, el esfuerzo por subir no compensaría, o que simplemente no debía subirlos, porque me acabaría destrozando sólo por el afán de llegar a la cima, o que el llegar al objetivo no sólo dependería de mí, que las variables y las constantes limitaciones podrían imposibilitar la misión. Además, tenía varias posibilidades: abandonar mi objetivo sin más, tratar de llegar a él por una vía intermedia, más cómoda y gradual, o tratar de alcanzarlo con toda radicalidad. Me decidí por la segunda opción, me pareció suficiente. No me voy a engañar, nunca arriesgué demasiado, hasta que fue demasiado tarde. Y fracasé. Todo dejó poco a poco de tener sentido. La escalera se desvaneció bajo mis pies.

Y yo me pregunto, ¿por qué? ¿No fui lo suficientemente fuerte como para lograr mi meta, como los fumadores arrepentidos? ¿Fue culpa de las variables externas, que hicieron imposible conseguir lo que quería? ¿Fue culpa de las constantes, por lo que la misión nunca fue realmente posible? Son cosas que nunca sabré, porque nunca llegué hasta el límite de mis capacidades. Pude hacer más, pude tomar la vía radical. Y, aunque visto con la perspectiva actual no me parece que la culpa haya sido fundamentalmente mía, en su momento el sentimiento de culpa, el complejo de perdedor era total en mí.

Hasta que este sentimiento no fue suficiente. No sabía si era de verdad mi culpa. Porque la realidad está ahí. Por más que yo pensase que mi voluntad era la variable fundamental de la ecuación, lo cierto es que probablemente había otras igual o más importantes; sin ir más lejos, voluntades ajenas. Así que, aunque yo hubiese sido débil e insuficiente y eso rompiese mis esquemas mentales de predominio de la voluntad, la realidad no tenía por qué adecuarse a ellos. Todo es un entramado muy complejo de circunstancias, tensiones y fuerzas, de funcionamiento interno de las personas, de capacidad real de control. ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo voy a actuar si no soy capaz siquiera de saber si soy capaz de actuar? ¿Tiene sentido tener una conducta determinada? ¿Tiene algo sentido? Llega un punto en que nada te parece demasiado real. Cuando se desmorona tu escalera no tienes dónde agarrarte.

Solución

Con la patochada esta de los cartelitos ateos parece que poca gente se ha dado cuenta del verdadero significado de la palabra «probablemente». Muchos dicen que por ello los colegas carteleros son ateos de pacotilla, o de no ser convincentes. Yo les acuso de incoherentes. De que probablemente no exista Dios yo no saco que haya que vivir la vida como si no Dios existiera, sino precisamente lo contrario. Yo lo entiendo más como un «posiblemente Dios exista». Extrapolando el caso al tema del post, a las metas, el eslogan sería algo como «Probablemente tu propósito es inalcanzable, así que deja de preocuparte y ponte ciego en el botellón.» Y yo digo: «Puede que tu propósito sea factible, así que deja de meterte mierda y dalo todo por conseguirlo». Que no se diga que, si fallaste, fue por tu culpa.

Y este es mi consejo final: hagas lo que hagas, actúa como si no existiera límite. Dalo todo. No pienses en el fracaso fuera de ti. Ignora la realidad y simplifícalo todo. Imagina que tu camino es una extensión estática entre tú y tu objetivo. Porque esa es la única forma de llegar hasta el límite, de no tener que arrepentirte de nada si fracasas. No sólo se trata de ponerte a cumplir tu misión, tienes que exprimirte al máximo aunque no lo creas necesario. Porque las cosas pueden torcerse o no ser como tú pensabas que eran, y en ese punto, en ese punto lo único que importa no es tu determinación sino tu densidad de actuación. No es el movimiento sino la velocidad, no son los metros, sino los metros por segundo.

Y allí, en tu límite, en el límite abstracto que debes ignorar pero que existe, aunque no te voy a decir que triunfarás, como creía yo, si fracasas, al menos habrás jugado todas tus bazas, no podrás echarte nada en cara y tu vida tendrá tanto sentido como es capaz de tener.

Aunque, bueno, eso es otra entrada.

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Retiro lo dicho: Tus posts emos molan.

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Me ha gustado oírte decir que no eres capaz de hacerlo todo sobre la faz de la tierra.

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Ellohir, creo que no he entendido por qué dices eso ._.

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“Quien no use los favoritos de Tuitis debería ser muy azotado.”

A veces da la impresión de que te crees más guay que nadie en el universo, y que quién no lo crea así es idiota. Otras veces te revuelcas en la autocompasión sin sentido. Este post es un poco un punto de equilibrio. Me ha gustado por eso.

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Bueno, es normal que por lo que hayas podido leer de mí te haya dado una impresión digamos desequilibrada, al fin y al cabo el Tuitis es muchas veces un canal de desahogo, y si tengo ganas de decir que mi vida es una puta mierda y que nadie me va a querer jamás y al tuit siguiente engloriarme como el tío más maravilloso del multiverso pues lo hago. Sin embargo, en posts y cosas más serias (como este post) supongo que expreso mejor lo que pienso sobre mí y sobre los demás. No sé, no me gusta la modestia de plastilina y mucho menos el mérito inmerecido, me considero un tío equilibrado en ese aspecto.

De todas formas el tuit que me has citado era más que nada una forma de hablar, más de coña que otra cosa, porque me mola leer los favoritos de la gente. Ya puestos podrías haber citado el siguiente que es mucho más ególatra: «La calidad de vuestros favoritos es directamente proporcional al número de tuits míos que contengan. He dicho.» :P

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