
Las personas tenemos un intelecto tan poderoso que muchas veces, sin darnos cuenta, se vuelve contra nosotros mismos.
Hay gente que cree que porque los gays se casen la familia va a desaparecer, que porque en Cataluña hablen su idioma España va a implosionar o que porque ondee una rojigualda en el Parlamento Vasco Euskadi va a ser menos Euskadi. Pero a poco que lo consideres un momento desde fuera te das cuenta de que no tiene por qué.
Porque a ver, ¿qué es una familia? ¿Un conjunto de personas con lazos de sangre? ¿Un buen montón de átomos? ¿Un buen montón de quarks, electrones, gluones y demás mierdas elementales? Estos conceptos sólo existen en nosotros, en las asociaciones que hace nuestro cerebro del mundo de fuera para que podamos movernos por la vida. Pero a veces nos los tomamos tan rígidamente, tan como si el mundo fuera a despedazarse por alterar lo más mínimo estas realidades tan vacías, que acabamos viendo incompatibilidades donde no las hay, acabamos siendo homófobos, rojos, fachas, acabamos poniendo bombas y matando gente por pura cabezonería.
Últimamente tengo la convicción de que gran parte de los problemas del mundo se debe a estas confrontaciones artificiales. ¿Cómo dos personas, que a fin de cuentas tienen un cerebro bastante parecido, pueden estar convencidas cada una de una cosa que se contradice con la otra? ¿Uno de los cerebros está estropeado? ¿Ve verdad donde no la hay? ¿Cuál de los dos? ¿O será que en realidad las cosas no eran tan incompatibles? Romper con falsas contradicciones, mediante un método objetivo que determine cuándo dos conceptos son contradictorios de verdad (una mesa es una mesa, y no una silla… en la mayoría de los casos), no complicar las cosas más de lo que son, mirar al mundo con la máxima sencillez, simplemente haciéndonos una pregunta: por qué no. Por qué no pueden casarse los gays y los heteros, por qué no pueden existir España y Euskadi simultáneamente.
Pero esto no es tan fácil. Autojuzgar las propias convicciones puede resultar muy lioso y desorientarte completamente. Puedes tener miedo a perder tu personalidad, a dejar de ser una persona para convertirte en un montón de partículas elementales conectadas. Si te metes demasiado en el proceso acabas descartando toda abstracción y el mundo se deshace a tu alrededor. ¿Al final resulta que nada es contradictorio porque nada es realmente real?
Es un tema complicado y muy difícil, pero yo intuyo que la cosa es, no quitarle realidad a lo inmaterial, a los abstractos, sino simplemente flexibilizarlos un poco, darnos cuenta de que dos puntos de vista pueden encajar. Y seguir viviendo con tus convicciones, crítico pero no destructivo con ellas, respetando y comprendiendo las de los demás, y más o menos ir haciendo tu vida lo más sencilla posible, que es de lo que se trata a fin de cuentas.
Y bueno, tampoco es la gran cosa esto, pero después de un verano en coma las neuronas tienen que calentar antes de rendir.
Ahora soy un montón de elementos que sólo sirve como ejemplo de la química del carbono hecho un lío.
Creo que así empezó Descartes, y mira la que se lió…
La gente tiene que funcionar a través de sus concepciones simplificadas de la realidad.
Estereotipos, experiencias previas,etc favorecen un razonamiento más rápido y menos costoso para el organismo, pero también una interpretación sesgada del mundo.
Lo que comentas en los últimos párrafos yo lo llamo “deshumanización”. en los años que llevo estudiando psicología me he sentido así, deshumanizado en ciertos momentos. Quiero decir, pretendemos compreder una realidad de la que formamos parte y en la que funcionamos con esos mecanismos que nos sesgan la percepción.
Si intentamos abstraernos de todo eso y analizar las cosas desde fuera dejamos en cierta manera de ser (funcionar como) humanos, es muy posible que para el resto de personas pasemos a ser vistos como gente extraña porque “pensamos cosas raras en lugar de seguir el curso del río”.
« Eso, ¿y por qué no? ¡Es bueno para los dos!»
- (From Jes Extender commercial)
(deberás disculparme, desde que vi ese anuncio la frase «¿por qué no?» siempre activa en mi mente la contestación xD)
La gente que piensa ese tipo de cosas normalmente es porque no se ha parado a pensar mucho, y simplemente adopta una postura acorde con la de, ya sea la gente de su entorno (la presión social es algo que pesa mucho), lo que dice el partido que le mola (o que mola a la gente de su entorno), o lo que vio alguna vez por la tele o en el periódico…
CioN dice que al no seguir al resto nos deshumanizamos. Pienso que no es cierto. Pienso que alguien es más humano y tiene más personalidad cuando es capaz de razonar las cosas, mirarlo todo con ojo crítico, es capaz de darse cuenta de los errores, tanto ajenos como propios, es capaz de cambiar de opinión si algo demuestra que su opinión anterior era equivocada, y en definitiva, saca sus propias conclusiones en lugar de seguir ciegamente a otros. Que yo sepa, siempre se ha identificado al ser humano con la razón, siendo el otro comportamiento más característico de los borregos :P
Marbú, el problema es cuando razonas tanto las cosas, cuando las «desmenuzas» tan radicalmente, que pierden toda su esencia, se rompen los lazos mentales. Y como los humanos vemos el mundo a través de lazos mentales, al perder esos lazos perdemos también nuestra humanidad. A eso se refiere CioN, supongo.
@harad pero siempre puedes romper los lazos, ver las cosas de forma fría, inhumana e imparcial, y luego volver a la realidad, teniendo ya mayor conocimiento de causa, y reconstruir tus enlaces al respecto…
Puede que pierdas un poco tu humanidad, sí, pero al fin y al cabo es para lograr un ahumanidad mayor :P
Nunca es bueno volverse frío y calculador del todo y despojarte de todos sentimientos, pero sí en su justa medida :P.
@marbu, por supuesto, yo soy partidario de hacer todo lo que dices, razonar, ser crítico, no dar nada por supuesto,etc.
A lo que me refiero es más a lo que apunta Harad, concretamente a que a ojos de los demás tiendes a ser distinto (y posiblemente incomprendido) porque llegas a los límites de intentar comprender el propio mecanismo desde el que estás funcionando.