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Philosophos basileus

No me gusta la categoría Opinión de este blog. Porque opinar, lo que viene siendo soltar ideas sueltas sin mucho fundamento firme, puede hacerlo cualquiera y tiene más bien poco interés más allá de la sugerencia. Y a mí me gustan las cosas ante las que sólo cabe asentir con la cabeza gacha, que no admiten discusión, seguras, ciertas, en definitiva, impepinables.

Pero qué le vamos a hacer: hoy vengo con una idea cogida con pinzas, de esas que viene el primer colega en los comentarios y me la destroza de un plumazo. A ver si es verdad.

tecnocracia.
(De tecno- y -cracia).
1. f. Ejercicio del poder por los tecnócratas. U. m. en sent. irón. o despect.

tecnócrata.
1. com. Partidario de la tecnocracia. U. t. c. adj.
2. com. Técnico o persona especializada en alguna materia de economía, administración, etc., que ejerce su cargo público con tendencia a hallar soluciones eficaces por encima de otras consideraciones ideológicas o políticas.

Pues una sofocracia es lo mismo pero sin sonar franquista.

Y como no tengo ganas de escribir mucho, expondré mis argumentos con un par de dibujos que hice hace cosa de dos meses.

Modelo actual

Los ciudadanos elegimos democráticamente a unos pintamonas que para lo único que sirven es para que no se desmadre mucho la cosa, a pesar de la corrupción, la ineficacia, el egoísmo y todo lo que arrastran.

Estos mequetrefes llamados políticos están por encima de los empresarios, cuyo trabajo es ganar pasta. Cosa que hay que reconocer que se les da más o menos bien. Además, al ganar ellos pasta, hacen ganar pasta a toda la sociedad, generando empleo, bienestar y toda la pesca. Pero claro, las ansias de pasta con un gobierno que no sabe encauzarla acaba en lo que acaba: crisis, paro, más crisis, más paro, menos pasta. O sea, que las ansias de pasta, con un mal gobierno, acaba siendo contraproducente.

Y, bajo sueldo de los empresarios, se encuentran los héroes de nuestro tiempo, los que hacen lavadoras, coches con control electrónico de estabilidad, Asimos, 3Gs y LHCs, vamos, que poca peguita se puede tener de ellos: los sabios. Y con sabio me refiero al que sabe, en todos los ámbitos. Su único problema es que su ímpetu creador está regulado por las necesidades económicas de los empresarios, por lo que si tu idea, aunque pueda cambiar el mundo y crear una sociedad mejor, no sale rentable, catacrocker con ella. Lo que pasa por ejemplo con las energías renovables.

Tal que así:

Modelo ideal

Hemos visto que los que mejor hacen su trabajo son los sabios, justamente los que tienen menos poder. Los siguientes más hábiles, los empresarios, quedan en segundo puesto de poder; y los más inútiles, los políticos, allí están, en la cima del monte Olimpo, con el cetro de poder supremo. Lo lógico, vamos.

Pues bien, la solución a esto es sencilla: quitar del medio de un plumazo a los políticos y poner en su lugar a los sabios.

Con una política eficaz, se consigue un control sobre la economía y sobre los empresarios eficaz, y lo más importante, socialmente responsable. Aunque las renovables nos cuesten más dinero a priori, se impulsan por encima de las energías tradicionales. Además, con esta regulación de la economía, los sabios gobernantes, los filósofos reyes, amantes de la sabiduría, darán más libertad creadora a los sabios innovadores por puro amor al arte, con toda la grandeza que esto supondría para la humanidad. Imaginad un mundo lleno de proyectos semejantes en magnitud al LHC, a la vez que se arregla poco a poco el problema de la pobreza mundial, los procesos de la civilización se optimizan y se hacen eficientes, coches voladores, aspiradoras inteligentes, robots rebeldes… Ah. La utopía.

¿Y cómo se impondría esto? Pues… no sé. Haría falta que la gente dejara de ser idiota y mandara al pollastre a los políticos, que los estados poderosos del mundo no intervinieran para parar la cosa (una bonita tradición en nuestra civilización, antaño con la Santa Alianza o más antaño aún con los bandos de la Guerra de los Treinta Años (ea, ya he demostrado lo listo que soy, mami), hoy se basta y se sobra EE UU solito), que los lobbies económicos perdieran poder, cosas que ni de coña son posibles a corto o medio plazo.

Lo que está claro es que el mundo va camino de ser un lugar mucho más guay si es verdad que los frikis heredarán la Tierra.

PD. Y a esto lo llamo yo no tener ganas de escribir mucho.

No tiene por qué

Las personas tenemos un intelecto tan poderoso que muchas veces, sin darnos cuenta, se vuelve contra nosotros mismos.

Hay gente que cree que porque los gays se casen la familia va a desaparecer, que porque en Cataluña hablen su idioma España va a implosionar o que porque ondee una rojigualda en el Parlamento Vasco Euskadi va a ser menos Euskadi. Pero a poco que lo consideres un momento desde fuera te das cuenta de que no tiene por qué.

Porque a ver, ¿qué es una familia? ¿Un conjunto de personas con lazos de sangre? ¿Un buen montón de átomos? ¿Un buen montón de quarks, electrones, gluones y demás mierdas elementales? Estos conceptos sólo existen en nosotros, en las asociaciones que hace nuestro cerebro del mundo de fuera para que podamos movernos por la vida. Pero a veces nos los tomamos tan rígidamente, tan como si el mundo fuera a despedazarse por alterar lo más mínimo estas realidades tan vacías, que acabamos viendo incompatibilidades donde no las hay, acabamos siendo homófobos, rojos, fachas, acabamos poniendo bombas y matando gente por pura cabezonería.

Últimamente tengo la convicción de que gran parte de los problemas del mundo se debe a estas confrontaciones artificiales. ¿Cómo dos personas, que a fin de cuentas tienen un cerebro bastante parecido, pueden estar convencidas cada una de una cosa que se contradice con la otra? ¿Uno de los cerebros está estropeado? ¿Ve verdad donde no la hay? ¿Cuál de los dos? ¿O será que en realidad las cosas no eran tan incompatibles? Romper con falsas contradicciones, mediante un método objetivo que determine cuándo dos conceptos son contradictorios de verdad (una mesa es una mesa, y no una silla… en la mayoría de los casos), no complicar las cosas más de lo que son, mirar al mundo con la máxima sencillez, simplemente haciéndonos una pregunta: por qué no. Por qué no pueden casarse los gays y los heteros, por qué no pueden existir España y Euskadi simultáneamente.

Pero esto no es tan fácil. Autojuzgar las propias convicciones puede resultar muy lioso y desorientarte completamente. Puedes tener miedo a perder tu personalidad, a dejar de ser una persona para convertirte en un montón de partículas elementales conectadas. Si te metes demasiado en el proceso acabas descartando toda abstracción y el mundo se deshace a tu alrededor. ¿Al final resulta que nada es contradictorio porque nada es realmente real?

Es un tema complicado y muy difícil, pero yo intuyo que la cosa es, no quitarle realidad a lo inmaterial, a los abstractos, sino simplemente flexibilizarlos un poco, darnos cuenta de que dos puntos de vista pueden encajar. Y seguir viviendo con tus convicciones, crítico pero no destructivo con ellas, respetando y comprendiendo las de los demás, y más o menos ir haciendo tu vida lo más sencilla posible, que es de lo que se trata a fin de cuentas.

Y bueno, tampoco es la gran cosa esto, pero después de un verano en coma las neuronas tienen que calentar antes de rendir.

¿Por qué no me gusta el verano?

Hay quien dice de mí que soy un maldito maniático compulsivo con tendencia irreversible al odio visceral e irracional hacia todo lo que le guste al, como mínimo, 51 % de la población. Entre otras cosas, porque no me gusta el house/dance/demás tecnomierda, tener amigos o el verano. Así que, en aras del triunfo de la razón y el prudente dominio intelectual sobre las irascibles apetencias del animoso espíritu, o de la espirituosa ánima, y dado el aparente éxito del infalible método proposicional del anterior post, voy a hacer un breve balance de cosas que molan del verano y cosas que no molan del verano. Para mí, claro.

Cosas que molan

  1. No hay clases.
  2. No hay exámenes.
  3. Cuando no trabajo, no tengo que madrugar.
  4. Se ven en el horizonte avionetas de las que llevan pancartas detrás por la playa. El sueño de mi vida es pilotar una de esas algún día.
  5. Me voy de vacaciones a un país nórdico y os dejo aquí con toa la caló.

Cosas que no molan

  1. Hace calor.
  2. Es posible que me arrastren a la playa.
  3. Salen las cucarachas. MILES. Y les tengo poco menos que fobia.
  4. No puedo abrir las ventanas por las noches porque entran bichos.
  5. Si me arrastran a bañarme en mi burguesa piscina, me trago todos los fluidos corporales que han quedado disueltos de toda la gente que ha bañado sus gónadas en ella, y además, dado el pulcrísimo blanco ario de mi piel, me quemo cual guiri al marbellense sol. Añado que sacar a relucir las lorzas y la sutil gracilidad de mis movimientos no es algo que me haga especial ilusión.
  6. Muy probablemente me pongan a trabajar. No me molestaría demasiado si mi puesto no fuera una puta mierda.
  7. Las neuronas se me derriten. Dermatológicamente testado.
  8. Internet (el 95 % de mi sucedáneo de vida) entra en letargo.
  9. El plus de sudoración me inhibe (aún más) a acercarme a las demás personas.
  10. Sangro por la nariz diariamente. Por suerte después de tantos años tengo el tema controlado y sólo lo hago en la ducha, pero no deja de ser un coñazo.
  11. Me acuerdo de aniversarios de cosas de los que no debería acordarme. (Qué apropiada la etiqueta <emo>.)
  12. El calor, además del rutinario sangrado, me provoca insomnio, mareos y dolores de cabeza. Sí, sería todo un hombre, si viviera en Islandia.
  13. Estaré deseando aún más que pase rápido porque supuestamente en octubre empiezo una nueva y maravillosa vida.
  14. Me resfrío. Sí, yo sólo me resfrío en verano, y sin motivo aparente, porque no me expongo al frío (ojalá), a las bebidas demasiado frías ni nada por el estilo.
  15. Como mis neuronas están derretidas, algunos posts que jamás pasarían por mi estrictísimo filtro de calidad acaban en published. Como este.

Así que dejad ya de proclamar y aclamar y reclamar el SUMMERTIME bajo la excusa de que vosotros sí tenéis vida para poder disfrutarlo y compradme un iglú en Groenlandia con conexión a Internet y un Supersol al lado.

Sin parte de arriba

He decidido a partir de ahora hacer un breve juicio esquemático de lo que vea durante el día y considere que me dé para un breve juicio esquemático, más que nada porque es una forma fácil y sencilla de rellenar la base de datos de posts. En este caso, el topless.

Matías Prats.

Premisas

  • A. Las tías, como personas que son, son libres de exhibir sus tetas o no.
  • B. Los tíos, como animales que son, por norma general se van a sentir sexualmente excitados por las tetas.
  • C. Una relación de pareja es un acuerdo que coarta algunas libertades. Que la novia provoque, voluntaria o involuntariamente, a otras personas, por norma general entra dentro de lo prohibido en una pareja.
  • D. La excitación sexual involuntaria suele ser incómoda.

Juicios

  • En virtud de A, una tía puede despelotarse en la playa si le da la gana.
  • En virtud de B, que la moza se escandalice porque un colega se le quede mirando las mogambas es tan reprobable como que una anciana se escandalice porque una colega se destete entre el sol y la arena. Si se quiere aceptación social de A, primero tiene que haber aceptación social de B.
  • En virtud de C, si eres una tía y quieres ejercer tu derecho a A, primero debes acordarlo con tu novio.
  • En virtud de D, si yo soy un chico o una lesbiana y me incomoda ponerme paloter cada vez que voy a la playa a tomar el sol, porque la tía que me ha excitado muy probablemente no va a venir luego a saciar mi apetito sexual para con ella, o simplemente porque no me apetece, consideraría defendible mi derecho a ir a la playa a bañarme y no a llevarme un dolor de huevos, como he hecho siempre. Si me consideras retrógrado por ello yo te consideraré zorra, gracias, porque para ver tetas a raudales ya tengo Internet.

Solución

La fijación de playas específicas donde esté permitido, o donde no esté permitido, que para el caso es lo mismo, el topless, satisfaría tanto a los de A como a los de D. En el ámbito social, las chicas que vayan en topless deberían aceptar que los chicos las miren y que sus novios no estén de acuerdo y las limiten.

Conclusión

Libertad de destaparse sin limitar la de los demás a excitarse, a no excitarse o a escandalizarse. Simple y efectivo.

(PD. Ni estos putos posts de columnista racional wannabe me salen cortos, joder).

Preguntas existenciales II

El mundo es acojonante.

A ver, recuerda un poco tus clases de Química y de Física. Átomos, enlaces, fuerzas y todo eso. Todo el entramado de azarosas leyes tan chungas que has leído por ahí de física cuántica, relatividad y esas cosas. No sé. Recuerda que el mundo nació de un pelotazo inicial, un pepinazo que de ahí surgió toda la energía y toda la materia que conforma y mueve ahora el Universo. Ten esto presente, todo lo que pasa tiene su origen en el origen, esto negando que existe Dios o cualquier tipo de divinidad y tal.

Bueno, sabiendo eso, y sabiendo más o menos cómo va eso de la materia, cómo está hecha una piedra, con sus enlaces químicos y tal, electrones compartidos por aquí y allá, sabiendo eso… ¿Cómo cojones te explicas tu existencia? O sea, vamos a empezar desde abajo, desde el principio.

Yo no tengo mucha idea ni de química ni de biología ni de nada, pero bueno. Tenemos un conjunto de átomos, ahí puestos, ¿vale?, en una sopa. Van esos átomos y empiezan a disponerse según sus afinidades electrónicas y demás. Van haciendo combinaciones, se forman moléculas más y más complejas, pasan, no sé, un par de milloncejos o de miles de milloncejos de años y ¡voilà! Tenemos una célula. O sea, no sé si os habéis parado a pensar en lo acojonante que es una célula. El ADN. Una molécula que tiene la información para generar unas ciertas proteínas, proteínas que a su vez actúan con el propio ADN. Luego todo el proceso celular de producción: que si ARNm, que si ribosomas, aminoácidos, código genético, puf. Un flipe de proceso, un proceso exquisitísimo, intrincadísimo, sutilísimo. Pero vale, aceptamos, se me podía haber ocurrido a mí. Oh, pero ¿sabes qué? No se le ha ocurrido a nadie. Esa célula ha salido del petardazo inicial aquel, con sus reglas sencillas de enlace entre átomos y tal. Por sí solo. Te cagas.

Pero la recién creada naturaleza no se iba a quedar ahí. No, este ente surgido de la nada va a generar sus propias reglas: reproducción a toda costa, básicamente. Crear, crear y crear. Hacerse más complejos para poder crear más y mejor. Aplastar lo que sea necesario con tal de seguir reproduciéndose y desarrollándose. Y de ahí surgen las combinaciones de células, las células específicas. Van surgiendo, no sé, estreptococos, cosas de estas. Protozoos. Plantitas. Joder, estamos hablando de organismos tan tan tan tan complejos que no podemos ni abarcarlo mentalmente. E, insisto, no perdamos la perspectiva: todo surge de asociaciones simples y espontáneas. Todo este juego de reglas no las ha dictado nadie, han surgido y punto.

Y llegas tú. O sea. Un humano es ya la hostia de la complejidad. Somos parte del universo, somos una parte de ese chupinazo inicial, hemos surgido desde allí. Y vamos y nos volvemos contra el universo, lo intentamos meter en nuestra cabeza. Nosotros, formados por átomos, por células, por sistemas complejísimos, nos enfocamos a nosotros mismos y a estos sistemas. Se diría que el universo hace esfuerzos por comprenderse a sí mismo, si se pudiera decir que hay un sujeto universo capaz de esforzarse, pero no: insisto, todo surge del Big Bang del principio, todo pasa desde allí. Y bueno, cumplimos de la forma más radical la ley de la naturaleza. Somos máquinas de crear. Escribimos, hacemos películas, guiones, edificios, países, religiones, leyes, ordenadores, joder, algún día haremos robots, crearemos nuestros propios sistemas, algún día seremos aplastados por el ansia creador de la naturaleza y sustituidos por algo más poderoso aún. Es una carrera sin límite, una tendencia mareante hacia lo grande, hacia lo complejo, hacia lo extraordinario.

Y volvemos al principio: ¿todo esto, en serio, surgió de una explosión? ¿Las constantes físicas, las leyes, todo lo que hizo posible que surgiéramos nosotros, es verdad que es puro fruto del azar? Dios mío, esto es dificilísimo de aceptar. Tiene que haber una fuerza, un instinto, una intención primera, no sé, algo que dirija la existencia hacia su plenitud, algo que convierta la sopa de quarks y electrones en personas, porque sencillamente esto es demasiado increíble como que haya surgido así como así, no sé, este podría ser un universo aburrido, con sus planetas dando vueltas, sus moléculas sencillas, o complejas pero no, joder, es que pensamos en el mundo y no nos damos cuenta muchas veces de lo complejisísima que es la mera existencia de la vida, se puede ser muy muy muy complejo antes de llegar al nivel de complejidad de una célula. Pues eso, no somos un universo aburrido, somos un universo que alberga criaturas tan increíbles como nosotros.

Y diréis que si tiradas de dados y que si millones de años y que si tal, pero repito, el universo, con sus tiradas de dados y sus millones de años, podría haber sido aburrido, y no lo es. No lo es. Y ni falacias probabilísticas ni mierdas, esto es acojonante, visto desde fuera, visto desde dentro y visto desde cualquier lado.

La verdad, no me importa no tener alma, no me importa que mi vida se vaya a apagar y punto porque el pertenecer a un nivel tan increíble de profundidad de esa cosa que vemos tan vulgar como es la materia me sobrecoge lo suficiente como para no necesitar nada más.

El universo quiere que hagas. Haz. Ve y hazlo, ve y haz algo grande con tu vida, inténtalo porque es probable que el universo te ayude, es muy probable que la tendencia del universo esté contigo. Haz con tu vida historias porque eso es lo que significa la vida, el universo y todo lo demás: hacer historias.

Humor de color

Pre-nota: Como sé que soy un coñazo de tío, he puesto lo importante del post en negritas. El resto te lo puedes saltar sin perderte información.

Esto era una reunión de amigos létricos. Todos estaban animados, salvo A, a quien se le había muerto la madre viajando en barco. Apenado, A se lo contó a sus amigos B, C y D. Estos, después de compadecerse y todo el proceso, empezaron a hacer coñas sobre la madre de A y su muerte: que si el barco se hundió de lo gorda que estaba, que si tal, que si cual. «¡Joder, qué coño os pasa, que es mi madre!», exclamó totalmente indignado A, a lo que B, C y D cesaron sus risas al instante para adoptar el más serio de los semblantes. «¿Acaso osas», decía B, «intentar decirnos de qué nos tenemos o no que reír? Atadle, chicos.» C y D ataron y amordazaron a A, y con B siguieron proclamando chistes y bromas sobre la difunta madre de A, ahora sin risa ni gozo, sino puño en alto, como proclama política o reivindicación ideológica.

Este es uno de los debatillos típicos de todo foro, blog, Tuitis o conversación en persona en el improbable caso de que tengas vida, como dirían algunos, offline, que más cansinos me parecen: los límites del humor, cuándo deja una broma de ser graciosa para pasar a ser ruin. Humor negro sí, humor negro no.

De entrada, que se debata sobre algo tan serio como el humor me parece una chorrada. El humor es importante, pero no en el sentido de un ideal como la libertad, la igualdad o (adivinad) la fraternidad. No es algo que se tenga que defender, algo por lo que haya que sacrificarse. El humor es importante porque alegra la vida. Ni más ni menos. Hace la existencia más llevadera. Por esto no entiendo a esos adalides del humor como estado superior de la sociedad, esos Cómicos Sin Fronteras dispuestos a soltar todo lo que se les pase por la cabeza y crean gracioso, sin importar a quién pueda afectar, y aplastando toda opinión disidente como daño colateral necesario. No sé, puestos a defender valores vacíos ponte a difundir la Palabra de Firefox entre tus colegas o a fundir el ShipIt de Ubuntu entre los ordenadores de tus familiares más ancianos, que más profundidad ética que esto tiene.

Cuando se te ha muerto tu madre o tu perro, lo último que quieres es que venga un capullo risitas cualquiera a reírse de la desgracia. Es normal, es como una patada en los cojones, es supergraciosa mientras no te la peguen a ti. Lo raro sería que no te doliese.

Ahora bien, otra cosa es pasarnos de rosca y pensar: «si a mí no me gustaría que se descojonaran de mi madre, es que nadie tiene derecho a descojonarse jamás de ninguna madre». Este absolutismo anti-humor negro es otra cara de la misma moneda: darle demasiado valor a algo que no lo tiene de por sí. Es humor, tíos, es reírse de una cosa si hace gracia, y si no, pues no se ríe uno, pero dejémosno de chorradas. Si vengo yo en un blog a hacer una coñita con los del vuelo de Air France no es porque sea un bicho desalmado, sino porque los doscientos o trescientos pasajeros del avión no me importan más de lo que me importa un desconocido estándar, y la entropía empatía que me provocan es menor que la gracia que me hace la cosa. Y no es nada de qué avergonzarse, es natural: no toda la gente nos importa igual, y si no fuera así nos volveríamos locos, porque otra cosa no, pero en cantidad los humanos somos un puñao.

El Risitas.
Él sí sabe cuándo tiene que reírse.

Con esto quiero decir: si una cosa te hace gracia, ríete sin complejos; si hay alguien que se siente ofendido o dolido, no te pases, compadécete con él y deja la coña; si te sientes ofendido por norma, sin sentirlo de verdad, déjate de bobadas y deja que la gente se divierta. Y dediquémonos a discutir sobre otros temas mucho más interesantes, como, no sé, el aborto.

Aprovecho para declarar la primera y única Norma que regirá este blog a partir de hoy: no hablar del aborto. Si algún día menciono algo del tema, sólo tenéis que recordarme esta Norma y el post será borrado a efecto inmediato. Palabrita.

Siempre es difícil retomar algo…

… así que me limito a darlo oficialmente por reinaugurado. Nos leemos.

Cuando un blog te recuerda que existe y te desuscribes

Llegas al trabajo, o llegas a casa tras él, o te levantas un domingo a las dos, o son las tres de la mañana de un sábado, o las nueve de la tarde de un martes, en fin, en un momento de esos (sobra decir que estás delante de un ordenador) que dices «vale, ¿y ahora qué hago?». ¿Y qué haces? Abrir el Google Reader. ¿Y con qué te encuentras? Con un post nuevo de un blog del que ni siquiera recuerdas por qué te suscribiste, que hace siglos que no actualiza pero que ahora que lo hace (probablemente en una entrada de disculpa, excusa, promesas y propósitos) te das cuenta de lo mierda que es, así que hala, unsubscribe y a leer otros feeds más interesantes (aquí iría una ironía con Microsiervos o algo parecido pero no se me ocurre nada digno, lo siento).

Y el pobre chico, que retoma con ilusión renovada su antaño mediocre blog, ve cómo la cifra de suscritos (totalmente fiable gracias al exquisito servicio que presta FeedBurner) baja en picado gracias precisamente al post que pretendían que hiciese que el blog comenzara a molar. Paradojas de Internet.

Pues bien, este es justo uno de esos posts disculpa-excusa-promesa. Siento llevar unos días (o semanas, ejem) sin postear ([x] disculpa). He estado pensando un poco y sencillamente no me mola el blog, no me gusta lo que llevo hecho, o mejor dicho, sí me gusta pero no me gusta lo suficiente. Así que he decidido darme un parón redactoril hasta que me replantee mejor lo que quiero transmitir con este cacharro ([x] excusa).

Y más o menos ya tengo en mente lo que quiero hacer. Va a ser complicado y voy a tener que ensayar y definir bien el estilo antes de darle al azulado botón de Publish para no tener que pensar en darle al que está a su lado de Delete (que más de una vez me han dado ganas ya), así que quizá tarde unos días (o semanas, ejem) más; pero volveré, y volveré con más fuerza y pretendiendo molar, porque pretender molar creo que es lo mínimo que se le puede pedir a un blogger ([x] promesa).

A todo esto, la catastrofista introducción pretendía precisamente pediros que me dieseis una pequeña tregua antes de desuscribiros definitivamente, aunque ahora que lo pienso, si no hubiera escrito esta petición, esta petición no habría hecho falta, porque no os habría recordado la existencia de este blog… ¡Oh, Dios! ¡El detector de recursividad está por las nubes!

En fin. Hasta huevo.

I * U

Creo que no me equivoco al afirmar que caso del corazón y el amor es el más exitoso de identificación de un símbolo con lo que representa.

Pechá corazones.

Es un triple absurdo: un símbolo llamado corazón, que se parece en realmente poco al corazón real que tenemos en el pecho, para simbolizar el amor, que tampoco tiene nada que ver ni con el corazón-órgano ni con el corazón-símbolo. Y aún así el simbolismo está totalmente establecido en todos nosotros; sólo hay que mirar la esquina de cualquier pupitre de instituto para confirmarlo.

Y digo, yo, si tenemos I ♥ U, Fulano/a/os/as ♥ Mengano/a/os/as, <3, (LLLLL) tkm wapissimaa y demás hermosísimas formas de expresar el amor en forma de icono, ¿por qué no hacer lo mismo con los demás sentimientos? ¿Por qué tenemos que reprimir el deseo de expresarlos sobre la verde superficie a la grácil punta del compás del joven estudiante?

Sentimientos hay a cascoporro, con muchos matices y muy relacionados entre ellos. De hecho, sólo partiendo del corazón se podrían generar símbolos para prácticamente todos ellos. Así, del típico ailoviu me aventuro a distinguir entre cuatro variantes.

Cuatro símbolos propuestos para cuatro sentimientos un tanto retorcidos.

Respectivamente: «te echo de menos», «me jode que yo te quiera y tú no lo tengas claro», «me jode que yo te quiera y tú pases de mí», «te quiero pero no quiero quererte» (este no he sabido simplificarlo más). ¿Retorcido? En efecto, pero es que hay veces que un genérico ♥ no te sirve para nada. Por eso propongo crear una lista con sentimientos específicos, para poder soltarlos por todos sitios y que otros lleguen y digan «anda, por aquí ha pasado alguien que quería a alguien pero no quería querer a ese alguien». Mucho más entretenido, dónde va a parar.

A ver si alguien que comparta estas inquietudes conmigo apoya y contribuye a la causa con sus propias expresiones de sus propios sentimientos.

Preguntas existenciales I

¿Cómo es posible que un sistema se comprenda a sí mismo?

¿Cómo puede surgir de algo tan objetivo como la materia un fenómeno tan subjetivo como la conciencia?

¿Qué es real?

¿Vale la pena vivir?

¿En qué momento llegará la inteligencia humana al límite de sus capacidades?

¿Somos capaces de fabricar inteligencia artificial?

¿Nuestro progreso socio-político-económico va a ser continuo?, ¿o tocará, techo o ya ha tocado techo, conduciéndonos a épocas más oscuras como ha ocurrido reiteradamente en la historia?

¿Cómo hemos llegado a este grado tan elevadísimo de comodidad en los países desarrollados?

¿Cómo puede vivir una persona sobre fundamentos que saben que son una farsa?

¿Podría existir una vía de conocimiento alternativa a la razón, a los sentidos y al instinto que no somos capaces de intuir?

¿Existe alguna vía de conocimiento verificable?

¿Existe un dios?

¿Qué es existir?

¿Hasta qué punto estamos limitados por el lenguaje?

¿Por qué amamos?

¿Por qué nos sentimos unos superiores a otros si, a fin de cuentas, todo es la misma incertidumbre?

¿Por qué sigo escribiendo esto en vez de suicidarme por la falta de sentido de todo?

¿Por qué tenemos nociones internas ideales como el sentido de la vida, cuando en la vida no somos capaces de saciarlo?

¿Por qué hay gente que piensa y gente que no piensa?

¿Qué es pensar?

¿Somos un mero castillo de apariencias?

¿Tenemos algún control sobre algo?

¿Por qué podemos llegar a ser tan contradictorios sin que nos importe?

¿Por qué puede llegar a importarnos el ser contradictorios?

¿Por qué el mundo es como es, y no de cualquier otra forma?

¿Es todo absurdo?

¿Es algo absurdo?

¿Puede un sistema comprenderse a sí mismo?